CHUCK BERRY: ADIÓS AL ARQUITECTO DEL ROCK & ROLL

Ayer por la noche nos llegaba la mala noticia: Chuck Berry ha fallecido. Contaba con noventa años de edad. Podemos lamentarnos, porque nos ha dejado el referente ineludible para comprender eso que llamamos “rock & roll”, pero al menos el bueno de Chuck se ha ido con todo el trabajo hecho, con reconocimientos constantes en vida y con un ciclo vital más que cerrado. Normalmente, la muerte tiene la virtud de hiperbolizar a los finados, y más si estos son artistas, pero, en el caso de Chuck Berry, ningún comentario que se pueda hacer va a poder hacer justicia a la grandeza de su figura.

Se puede considerar a Berry como el arquitecto del rock & roll: creó su propio, inimitable e imitado estilo, haciendo su propia síntesis entre el country, el rythm & blues y el blues. Curiosamente, el auge del rock & roll no le pilló siendo un jovencito lleno de testosterona, pues para entonces ya tenía treinta años, pero supo formar parte de esa revolución musical y social como si fuera un adolescente. Sus años pateándose clubs y tugurios ya le habían forjado como músico y compositor, pero más importante que eso es que, a su edad, supo vender como nadie el escapismo inherente al rock & roll, ese en que lo único que importaba eran las chicas, los coches y la nueva y liberadora música. A esto, habría que añadirle una capacidad irresistible como compositor: “Maybelline”, “Too Much Monkey Business”, “Roll Over Beethoven”, “Rock & Roll Music”, “Sweet Little Sixteen” y, por supuesto, la inmortal “Johnny B. Goode”.

Hedonismo juvenil en estado puro, respaldado por canciones infalibles que le convirtieron en una estrella de la nueva música. Obviamente, no alcanzó el estatus de Elvis Presley: el de Tupelo era joven, blanco y bien parecido, mientras que Chuck Berry era negro y arrastraba consigo una cierta leyenda de sátiro, lo cual le impidió ser tolerado en muchos hogares de clase media blanca; pero sí que consiguió calar en una juventud que buscaba algo más que lo bien visto por una sociedad aun llena de prejuicios raciales. Su arte arraigó en unos adolescentes que estaban muy lejos de buscar aceptación social, como Brian Wilson, John Lennon, Paul McCartney, Angus Young, Ian ‘Lemmy’ Kilmister, Mick Jagger o Keith Richards. Y quizás sea este último el que mejor entendió lo que proponía ese treintañero negro.

Aparte de la influencia musical, Keith Richards asimiló como nadie el espíritu pendenciero de Chuck Berry aplicándolo a su propia banda. Siendo esos primerizos Rolling Stones la mejor manera de entender en clave blanca todo lo que representó Chuck Berry.

En 1959, su buena estrella empezó a decaer (como la de casi de todos los pioneros del rock & roll): la sociedad bien pensante había tenido bastante de rock & roll y perversión moral. Afortunadamente, reaccionaron tarde y, aunque mandaran al talego a Chuck Berry, le hundieran la carrera a Jerry Lee Lewis y llamaran a Elvis a filas, la semilla del ‘mal’ ya estaba plantada y bien regada. A partir de entonces, Berry se mantuvo en un segundo plano, pero sus canciones, actitud y maneras escénicas ya formaban parte del imaginario popular y no hicieron otra cosa que expandirse cual pandemia. El trabajo ya estaba hecho.

Desde su salida de la cárcel en 1963 (por temas de faldas y menores) continuó escribiendo y publicando grandes canciones: “Nadine”, “No Particular Place To Go”, “You Never Can Tell” o “Promised Land”; pero, como tipo inteligente que siempre fue, se dedicó a alimentar su propia leyenda, mucho más grande que su estela comercial. Giras constantes, colaboraciones con su discípulo más aventajado (Keith Richards por supuesto) o diversos encontronazos con la ley no han hecho otra cosa que aumentar una leyenda de un músico al que todos le debemos mucho.

Con el fallecimiento de Chuck Berry no se ha muerto el rock & roll: el estilo sigue vivito y coleando y ,afortunadamente, continúa infectando con su veneno a unos cuantos adolescentes; pero sí que se ha marchado una clase de músico y personaje de los que ya no se darán más, enormes como la vida y en los que era imposible disipar música de actitud y rebeldía. ¡Gracias por todo lo que has aportado a nuestras vidas! Imposible ponderar tanto en tan poco espacio. Hail, Hail Roc & Roll!

XAVI MARTÍNEZ

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