CAMEL ‘Moonmadness’

Después de haber sacado excelsos trabajos como su disco homónimo, ‘Mirage’ o ‘Snowgoose’ (editados, respectivamente, en 1973, 1974 y 1975), los londinenses Camel afrontaban una hazaña heroica: sacar un disco que no sólo compitiese con los anteriores trabajados hechos hasta el momento, sino también intentar establecer un punto en común con la tradición de su tierra, así con la de la música Jazz y el Blues. Y es que el líder de la banda, el carismático e introvertido Andy Latimer, nunca ocultó su querencia por la música de Charlie Parker, Miles Davis o Duke Ellington: él siempre fue uno de esos músicos a los que les fascinaba el método compositivo de los grandes genios del género; y eso lo llevó a su cuarto larga duración, ‘Moonmadness’, un trabajo que, dejando de lado el enorme talento de los británicos, buscaba –sobretodo- aprovechar el excelente momento por el que pasaba el Rock sinfónico. Trabajos como ‘The Lamb Lies Down on Broadway’ o ‘The Dark Side of the Moon’ –por citar los más representativos- llevaron la concepción que se tenía de este género a otro nivel.

Camel Moonmadness

Este es un compacto en el que, a diferencia de las guitarras de Steve Hackett o Robert Fripp, las seis cuerdas del líder, lejos de realizar riffs más acordes con el Hard rock o progresiones de acordes a una velocidad altísima, como era el caso de los guitarras de Genesis y King Crimson respectivamente, ambientaba mucho más sonido, equiparándose, por momentos, a David Gilmour. Y con este sello, composiciones como “Air Born” o “Spirit of the Water” brillan con luz propia, mostrándonos el rostro místico y tierno de la noche. Cada composición es una letanía de voces acalladas por las notas deslizadas del teclado y las guitarras en “Lunar Sea” o “Song Within A Song”, transportándonos a un universo paralelo donde el dolor nos es ajeno; y es que, a diferencia de los Genesis de ‘Nursery Crime’ o los Caravan de ‘Cunning Stunts’, el folclore de las campiñas del Reino Unido no se deja de ver de forma neutra, sino que se fusiona con las almas embebidas por la melancolía y la belleza de todo aquello que nos fue arrebatado. Basta un ejercicio lúcido de análisis de las letras, para comprobar que la lírica de este ‘Moonmadness’ no difería mucho de la naturaleza literaria de románticos ingleses como Thomas Gray o William Wordswoth, los cuales fueron en Inglaterra los estandartes de ese pensamiento que exoneraba al artista de la necesidad de seguir el pensamiento objetivo y pragmático del mundo anglosajón.

En resumidas cuentas, uno de esos discos de Rock sinfónico dignos de estudio minucioso y que terminó de consagrar a Mr. Latimer y a los suyos como una de las mejores bandas de un panorama que, desgraciadamente, no le colmó con las mismas dichas a que las otras formaciones que todos sabemos. Pero siempre nos quedará el consuelo de saber que el arte considerado como tal, es capaz de sortear los vaivenes históricos e imponerse en la memoria del colectivo, más tarde o más temprano.

ALEX PALAHNIUK

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