BRUCE SPRINGSTEEN (Camp Nou, Barcelona 14-05-16)

Bruce springsteen barcelona 14-05-16

Ambiente en el estadio de gran celebración, colas interminables para acceder y una pista cual olla a presión para recibir al creador de ‘Born To Run’ como hijo pródigo de la Ciudad Condal. Con un poco de retraso sobre el horario previsto, la E Street Band tomó sus posiciones sobre el mastodóntico escenario para la salida triunfal de su jefe, Bruce Springsteen; y, de entrada, la cosa no apuntaba maneras, debido a un sonido tremebundo que apenas hacía reconocibles los dos tótems iniciales que fueron “Badlands” y “No Surrender”, y con un Springsteen al que se le veía mayor, con poco fuelle. Poco a poco, el sonido se fue arreglando y el protagonista de la jornada mostró sus sabias cartas, es decir, empezar con contención para irse creciendo ante el empuje de un público que comía de la palma de su mano. Y entonces sí, el río empezó a fluir con fuerza, en ambos sentidos, ya que aquello fue adquiriendo tintes de noche antológica, y empezaron a caer temas del mítico doble disco, ni en orden ni completo, pero sí una docena que nos pusieron como motos: “The Ties That Bind”, la irresistible “Two Hearts”, la inevitable “Hungry Heart” (cantada en medio del público), “Ramrod” y una inesperada e intensa “Drive All Night”, que recibió tratamiento inmejorable por parte del público, a pesar de ser íntima y larga como pocas. Por supuesto, no faltaron la solicitudes del respetable, que pidió y se le concedió, como la festiva “Glory Days” o esa rareza que es “I Wanna Be With You”, que la E Street band acometió con una naturalidad pasmosa, como si fuera una habitual de sus recitales. Y es que, si Springsteen a cada minuto que iba pasando daba más y más, ¿qué se puede decir de su banda? Una maquinaria perfecta para hacer rock & roll, sin tanto adorno innecesario, como el de su última visita, y sobre la que sólo le podemos poner pegas a Jake Clemmons, sobrino del Big Man, solvente en sus interpretaciones, pero lejos de la solera e intensidad de su añorado tío. Con banda y líder perfectamente compenetrados, la cosa no dejaba de subir enteros, sin dilaciones, empalmando un tema tras otro al más puro estilo Ramones. Fiesta grande con “Because The Night”, una poderosa “Prove It All Night”, “She’s The One”, la recuperada “Brilliant Disguise” y lagrimilla final con la inmortal “Thunder Road”, coreada a pleno pulmón por el respetable. Llegaron los bises (no precisamente escasos), con emotivo tributo a Prince y su “Purple Rain”, una bailadísima “Dancing In The Dark” y el inevitable homenaje a Clarence Clemons en clave soul con “Tenth Avenue Freeze-Out”. Delirio colectivo ya con las luces del estadio encendidas, recta final y últimos cartuchos: “Bobby Jean” y la siempre resultona “Twist & Shout”, dando fin a una celebración de tres horas y cuarenta minutos, en un recital que acabó derivando en catarsis colectiva. Los años pasan, su producción discográfica actual no es para tirar cohetes, pero cuando se trata de subirse a un escenario, aún a día de hoy casi nadie puede hacerle frente al Boss, quien es capaz de convencer hasta al más escéptico de sus detractores. El río no sólo fluyó, nos desbordó.

TEXTO: XAVI MARTÍNEZ

FOTOS: JORDI GÜELL

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