BRAVURA (Emmanuel Carrère)

(Anagrama)

Inédita hasta ahora en castellano, esta segunda novela de Carrère no está a la altura de su prestigio. Y eso que el tema era a priori harto atractivo: en el lluvioso verano de 1816 en la villa Diodati (Suiza) se reunieron Lord Byron y sus invitados, entre los que estaba su médico y secretario Polidori y Mary Shelley, quien concibió allí en una tormentosa noche la celebérrima “Frankenstein”. Por su parte, Polidori gestó “El vampiro”, pero acabó siendo publicada con el nombre de Byron. Y en la primera parte del libro, Carrère nos explica el descenso a los infiernos de un Polidori drogadicto y frustrado por ese robo de su autoría. Luego saltamos a la actualidad, con un tal capitán Walton (militar retirado que ejerce de editor de novelas baratas), una escritora (Ann) y una delirante trama de suspense con una supuesta secta que tiene a Polidori como profeta. Y ahí es donde “Bravura” naufraga: las tramas no acaban de relacionarse de manera fluida y eso impide disfrutar de las excesivas 350 páginas del libro. Y que no se me malinterprete: la última obra hasta la fecha de Carrère, “El Reino” (ya comentado en rockonmagazine), pasa de las 500 páginas, pero a pesar de su aparente densidad nos explica pasajes oscuros de los evangelios con total desparpajo. Y si en obras mayúsculas como “De vidas ajenas” o “Limónov” el autor francés desplegaba todo su extraordinario talento, novelando hechos y personajes reales (e incluyéndose a sí mismo como uno más de los protagonistas), “Bravura” se alarga en demasía sin llevarnos a ninguna parte, y el desinterés va a más página tras página. Afortunadamente, Carrère hizo un cambio más que notable con su siguiente novela, la inquietante y kafkiana “El bigote”, y a partir de ahí sus dotes como escritor empezaron a sorprender de verdad.

JORDI PLANAS

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