BLACK SABBATH (Manchester Arena, Manchester 22-01-17)

Parece que esta va a ser la definitiva. Ozzy Osbourne, Tony Iommi y Terry ‘Geezer’ Butler cuelgan los hábitos y nos apremiaban a su particular eucaristía que lleva el explícito epíteto de ‘The End’. Puntualmente, y con el recinto rozando el sold out se subieron al escenario los americanos Rival Sons, encargados de abrir para los de Birmingham en estos últimos coletazos de su carrera. A nivel personal, Rival Sons nunca me entusiasmaron, siempre me parecieron un globo hinchado y, de hecho, se encargaron de corroborar todas mis sospechas, mostrándose como lo que son: unos hípsters intentando ser Led Zeppelin. Sonaron solventes, y su vocalista está dotado de una garganta privilegiada… pero poca cosa más. Irritantes y constantes plagios a Zeppelin se mezclaban con moños, barbas y bigotes de los más ‘in’, para ofrecer una serie de temas totalmente olvidables que coronaron con la esperada “Keep On Swinging”. A ver cuánto tiempo más les dura el invento, y es que ni a ellos en escena se les ve especialmente entusiasmados.

Tras este aperitivo, era el momento para los tres magníficos. La intro de rigor dio paso al tema que da nombre a la banda y nos mostró a Osbourne, Iommi y Butler en toda su pompa y circunstancia. Contrariamente a todo lo que se había dicho y especulado, Black Sabbath se mostraron en una forma envidiable. El bueno de Ozzy quizás se mostró un poco más estático, pero su garganta funcionó como un tiro, acometiendo todos los temas prácticamente en su tono original. Iommi disparó todo su arsenal de riffs de forma incontestable y con muy buen aspecto físico. Y Butler le dio a las cuatro cuerdas como sólo él sabe. Ante estas buenas perspectivas, el concierto transcurrió como la seda, haciendo del recinto el cielo (o infierno) en la Tierra para los que pensamos que los de Birmingham son una de las mejores bandas de la historia. ¿Y qué decir del repertorio elegido? Imagino que debido a las frecuentes giras han decidido refrescarlo y logran un balance perfecto entre ‘lo obligatorio’ y ‘lo menos manido’. Quizás hubo gente que se quedó con ganas de algún clásico, pero cuando los Sabbath originales te plantan en la cara “Fairies Wear Boots”, “After Forever”, “Into The Void”, “Behind The Wall Of Sleep” o una inesperadísima “Dirty Women” combinadas con estándares como “War Pigs” o “NIB”, nadie en su sano juicio podría poner ninguna pega. Así, entre la sobriedad y el buen hacer, nos acercamos al final de la ceremonia con una demoledora “Children Of The Grave” y la inevitable “Paranoid” que desató la catarsis entre el público.

¿Alguna pega? Pues sí. El batería Tommy Cufletos en ningún momento quiso entender el estilo casi jazzístico de Bill Ward y se dedicó todo el concierto a mostrar su contundencia y ganas de mamporreo con las baquetas, logrando casi reventar los tímpanos de los presentes con su aburrido solo de batería. Aún así -y afortunadamente- no logró eclipsar la genialidad de las tres leyendas a las que apoyaba. Punto y final, la banda se despide a tope de buen saber hacer y haciendo honor a tan sacrosanto nombre. Si este es el final de los únicos Black Sabbath que cuentan, nos podemos dar por más que satisfechos. Gracias por todo, maestros.

XAVI MARTÍNEZ

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