BLACK SABBATH: CINCUENTA AÑOS DE SU DISCO DE DEBUT (III)

EL PRIMER DISCO DE HEAVY METAL DE LA HISTORIA

Tengo que reconocer que mi relación con Black Sabbath no empezó de la mejor manera posible. A ver, tampoco es que fuera un inicio de relación desastroso, pero es que mi primera toma de contacto con los de Birmingham fue con ‘Heaven & Hell’. Y es que después de haber leído y escuchado comentarios sobre la grandeza e influencia del cuarteto me encontré con un disco que me pareció correcto y poca cosa más. Pensad que a principios de los ochenta la información musical que uno podía recibir era poca y claro tampoco uno estaba al corriente de los cambios en la formación, simplemente ponía Black Sabbath en la portada y se daba por hecho que ese iba a ser uno de esos discos tan enormes e influyentes de los que te hablaban. Lo escuché varias veces, por narices me tenía que flipar, pero no, aquello me pareció un correcto disco de heavy metal pero que ni de lejos llegaba al nivel y a las sensaciones que me producían álbumes como ‘The Number Of The Beast’, ‘Screaming For Vengeance’ o ‘Made In Japan’. Así que decidí apartar de mi vida a Black Sabbath, no había para tanto me decía a mí mismo. Pero pasado un tiempo me encontré en una tienda de discos una de esas ediciones cutres y casposas en casete que puso en circulación la discográfica y distribuidora PDI/Victoria (¿las recordáis?), pero lo bueno que tenían es que eran de precio más que asequible. Así que animado por lo barato y también por esa portada grumosa y con una perturbadora dama que parecía estar y no estar a la vez me agencie la cinta. Efectivamente, era el primer disco de la banda, y nada más escucharlo en casa mi opinión sobre el cuarteto dio un giro de ciento ochenta grados. Pocas cosas me han impactado más a nivel auditivo que la canción inicial y que da nombre a la banda; esa sonido de la lluvia, el riff truculento, la fantasmagórica voz de Ozzy…Nada tenía que ver eso con el heavy metal de manual contenido en ‘Heaven & Hell’, me había costado, pero al final me encontré con ese algo especial de lo que me habían hablado tiempo atrás. Era metálico, bluesy, tétrico, denso, reptante, con letras enigmáticas y por encima de todo con canciones más que memorables; “The Wizard”, “NIB”, “Evil Woman”…

Es posible que a posteriori la banda grabara (siempre refiriéndonos a la etapa Ozzy) discos más completos, pero todo lo que hizo a Black Sabbath un ente de referencia se encuentra en este disco; la personal forma de tocar la guitarra de Tony Iommi, la peculiarísima forma de entonar las canciones de Ozzy Osbourne, y esa tremebunda e imbatible base rítmica formada por ‘Geezer’ Butler y Bill Ward. Sin dejar de lado esa imaginería (un poco postiza pero efectiva, todo sea dicho) satánica que le dio al combo una aureola única. Todo este conglomerado ha sido referencia ineludible para miles de bandas que han llegado después y que sirvió para crear uno de los géneros musicales más especiales del siglo XX. Porqué si en algo estoy de acuerdo con Andrew O’ Neill y su libro ‘La Historia Del Heavy Metal es en que el homónimo debut de Black Sabbath se puede considerar el primer disco de la historia en poder ser tildado de heavy metal. Así de claro, porqué por muy estruendosos que pudieran ser Cream, Blue Cheer o Iron Butterfly a nivel personal nunca vi ninguna concomitancia con las estructuras y características que definen al heavy metal como género.

Y cincuenta años después sigue sorprendiendo como los tentáculos de este monstruo en forma de disco de debut se siguen expandiendo e influyendo no ya sólo a las nuevas generaciones metálicas sino al mundo del rock en general. Un monstruo que además refleja a la perfección de donde viene; de la fría, gris e industrial Birmingham, donde el sueño hippie nunca existió para miles de trabajadores que malgastaban su vida en fábricas lóbregas y deshumanizadas. Un triste panorama que la formación original de Black Sabbath supo plasmar a la perfección en los surcos de este inolvidable debut. Cuánta razón tiene el bueno de Henry Rollins en su lapidaria y celebérrima sentencia que asegura que sólo puedes confiar en ti mismo y en los seis primeros discos de Black Sabbath, y a nivel personal confío en el primero más que en ningún otro.

XAVI MARTÍNEZ

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