BLACK SABBATH: CINCUENTA AÑOS DE SU DISCO DE DEBUT (I)

DIABULUS IN MUSICA

Justo cuando se me invita a escribir sobre al primer álbum de los de Birmingham me acaba de suceder un hecho curioso. Anda uno enfrascado en las tareas de limpieza de la casa durante el fin de semana y va pinchando diferentes discos para alegrar tal menester, escojo de la estantería una recopilación de toda la carrera de los Sabbath pero decido poner otra cosa. Mi último recuerdo de aquel momento es haberla dejado sobre la mesa de la habitación donde tengo toda la colección de vinilos y compactos y la librería, pues bien la citada compilación (en formato doble CD) ha estado desparecida durante… ¡dos semanas! Búsquedas infructuosas que finalmente han tenido final feliz al aparecer de imprevisto en el lugar más inesperado. ¿Otra muesca más en la lóbrega leyenda del cuarteto? No, sencillamente el despiste propio de estar haciendo varias cosas a la vez, casi de manera automática, y no prestar la debida atención.

Anecdótica introducción, sin ninguna relevancia, para un disco que cumple cincuenta años y que se convirtió en un éxito de ventas pese a la escasa promoción que le pudo dedicar la compañía debido a su falta de tesorería en aquellos momentos. Una grabación que ofrecía algo nuevo, un sonido diferente, la opresiva atmósfera, oscura, pesada, siniestra, y un diseño gráfico, poco hay que añadir sobre la legendaria imagen de portada, que realzaba ambos aspectos. Las influencias de la banda son evidentes, pero las regurgitan con una personalidad arrolladora en que tiene mucho que ver la manera de tocar la guitara de Iommi, que flota en el éter a cámara lenta pero con la contundencia de una pisada de dinosaurio, y la voz de Ozzy. Una voz que puede llegar a resultar exasperante hasta que le pillas el punto y te das cuenta de que era perfecta para el concepto del grupo. Han tenido mejores cantantes con posterioridad, joder, Dio, pero solo el pirado de Ozzy es Black Sabbath. Igual que la sección de ritmo de Ward y Butler, tan recios como versátiles. Dos máquinas de precisión perfectamente ajustadas.

Más allá de su condición de pionero del género pesado, no olvidemos que por esos días, más o menos, salen asimismo artefactos tan influyentes en ese negociado como Vincebus Eruptum y Outsideinside  de Blue Cheer, Truth del Jeff Beck Group, Wheels of Fire de Cream, In-a-Gadda-Da-Vida de Iron Butterfly o el debut de Steppenwolf, quizás su mayor importancia es la de abanderar, junto a otras bandas como ya apuntamos, el cambio sónico que se avecinaba durante la última etapa de la década de los sesenta que, por ende, lleva asociado el final del movimiento hippie y su sueño de paz, amor universal y flores en el pelo para poner una banda sonora mucho más cruda y acorde a unos años, los setenta,  que vivieron acontecimientos sociales tan relevantes como el final de la guerra de Vietnam, el conflicto entre Israel y los árabes, el auge del terrorismo con organizaciones como Septiembre Negro, el FPLN, ETA, IRA o las Brigadas Rojas, el escándalo Wartergate, el fin de dictadores (entre ellos el español), las primeros indicios del resquebrajamiento de la URSS o el cada vez mayor protagonismo de la heroína como droga puntera. Tiempos turbulentos que para una juventud en plena vorágine de emociones personales y sociales se encaraban mejor descargando adrenalina a base de canciones de alto voltaje eléctrico.

Otro aspecto interesante es la asociación con el mundo de lo oculto que se basa en tres pilares, la leyenda sobre la fantasmagórica mujer que aparece en la foto de la cubierta, la cruz invertida de la carpeta interior (además de las que ellos llevaban al cuello para protegerse supuestamente de una maldición lanzada por una organización de magia negra) junto al poema incluido dentro y las letras de la canción homónima, con la progresión de acordes denominada Diabolus in Música, o bien de «The Wizard», «Behind the Wall of Sleep» o «N.I.B.» con esos versos que rezan “Now I have you with me, under my power, Our love grows stronger now with every hour, Look into my eyes, you will see who I am my name is Lucifer, please take my hand”. Conexión satanista que con el paso de los años ha sido desmentida con cierta rotundidad por parte de los miembros de la banda, pese a ello, cincuenta años después, la tormenta y las campanas lejanas que abren el álbum precediendo al riff de Iommi y a la entrada vocal de Osbourne siguen causando escalofríos. Uno de los mejores debuts de todos los tiempos y el primer paso de un legado discográfico que ha tenido una influencia definitiva en una multitud de músicos de generaciones posteriores y, por tanto, en toda la música rock contemporánea.

MANEL CELEIRO

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