BEHEMOTH (Razzmatazz, Barcelona 18/01/19)

Behemoth, y permítanme el símil futbolístico, juegan en otra liga. Los de Nergal son ya, sin duda, una de las bandas más grandes del metal extremo actual. Sus dos últimos lanzamientos discográficos, -‘The Satanist’ (2014) y ‘I Loved You At Your Darkest’ (2018)-, les han colocado en una posición privilegiada, y, lo que es más importante, lo han hecho siguiendo sus propias reglas. Así pues, la visita de Behemoth a la Ciudad Condal, como parte del actual periplo europeo, “Ecclesia Diabolica Evropa 2019” era esperada con anhelo, lo cual se tradujo en una sala prácticamente llena desde primera hora. Y que me aspen si Behemoth no respondieron con creces ante las expectativas. Acompañando a los polacos en esta gira, otras dos soberbias bandas de estilos muy diferenciados. Por un lado, los imprescindibles At The Gates, creadores del Death Metal melódico; y redondeando un magnífico cartel, los estadounidenses Wolves In The Throne Room.

Fueron estos últimos, quienes se subieron a las tablas en primer lugar. La banda de los hermanos Weaver desplegó su Black Metal con tintes Ambient, y ofreció un muy destacable show, basado íntegramente en su reciente, y excelente, ‘Thrice Woven’. Así, tres extensas piezas del citado trabajo ocuparon los treinta minutos largos que duró su actuación. La inicial “Angrboda” pecó de un sonido algo pobre, que mejoró con las dos siguientes selecciones, “The Old Ones Are With Us”, y, sobre todo con la descomunal “Born From The Serpent’s Eye”. La banda se mostró muy entregada en todo momento, y su dramático estilo se vio engalanado por el fantástico juego de luces con el que contaron. Y, a pesar de que su actuación recibió una notable acogida, uno no puede dejar de pensar que un show tan intenso como este, habría sido más apreciado en una sala de menores dimensiones.

At The Gates

Los miembros de At The Gates tomaron posiciones sobre el escenario, mientras sonaba la intro “Der Widerstand”. Con su cantante, Tomas Lindberg ya sobre las tablas, ataviado, cómo no, con su ya clásica gorra, la banda atacó una inapelable “To Drink From The Night Itself”, que abría de igual modo su más reciente y homónimo trabajo. At The Gates ofrecieron un enérgico y muy entretenido show. Y es que su Death Metal melódico parece diseñado para el directo. Doce temas en unos escasos cincuenta minutos de actuación lo dicen todo. At The Gates fueron a la yugular desde el minuto uno. Con un setlist basado exclusivamente en ‘At War With Reality’ (2014) y ‘To Drink From The Night Itself’ (2018), además de, como no podía ser de otra forma, en el devastador ‘Slaughter Of The Soul’ (1995), un álbum básico para entender la evolución del metal extremo. El show no tuvo altibajos, y piezas como “Cold”, “Death And The Labyrinth”, o las más recientes pero igualmente eficaces “A Stare Bound In Stone” y “Daggers Of Black Haze”, fueron recibidas con entusiasmo por una audiencia en comunión plena con la banda, llegando al punto álgido con la vitriólica “Blinded By Fear”, que provocó los primeros “circle pits” de la noche. La intensa “The Night Eternal” puso punto y final a la notable actuación de los suecos.

Behemoth

Y ahora, hablemos de Behemoth. Comencemos por lo malo: fue corto. Pero lo ofrecido por las huestes de Nergal la pasada noche fue para enmarcar. Un show absolutamente brillante de principio a fin, con las dosis justas de profesionalidad, agresividad y espectacularidad; una ejecución impecable, y una banda, en resumen, en estado de gracia. Las siluetas engrandecidas de Seth (guitarrista) y el imponente Orion (bajista), se recortaron tras una cortina sobre la que se proyectaba el mapa de la península emblazonado con una cruz invertida, durante la intro “Solve” que dio paso a una demencial “Wolves Ov Siberia”, seguida de “Daimonos” y, -todos de rodillas-, la descomunal “Ora Pro Nobis Lucifer”, pieza fundamental de su aclamado ‘The Satanist’. Sencillamente una de las tripletas iniciales más apabullantes que quien escribe ha contemplado sobre un escenario, ejecutada por una banda perfectamente engrasada. El sonido acompañó en todo momento, y la parte visual del show ha ganado muchos enteros, con la inclusión de pirotecnia, rampas, y una pantalla de vídeo triangular. Nergal dominaba el escenario, a pesar de su engañosamente frágil aspecto; arengando a una audiencia ya rendida de antemano. Prácticamente no hubo descanso entre canciones, más allá de la puntual intro instrumental. Obviamente, la parte del león del repertorio se la llevaron las piezas de su impresionante nuevo trabajo, “I Loved You At Your Darkest”. Así, “God=Dog” o la atmosférica “Bartzabel” fueron recibidas como auténticos clásicos, junto a cortes de trabajos anteriores como la simpar “Ov Fire And The Void”, o una especialmente venenosa “Conquer All”. Y no; no me he olvidado de esa maquinaria pesada llamada Inferno. Un auténtico bastión tras los tambores, brilló con luz propia durante todo el concierto. La rotunda “Ecclesia Diabolica Catholica” y una majestuosa “Blow Your Trumpets Gabriel” (sin duda uno de los riffs más hipnóticos que he escuchado en los últimos años) fueron prácticamente las únicas concesiones al presente, durante la segunda parte del concierto. Así, pudimos disfrutar de piezas con más solera como “Decade Of Therion” o “Chant For Eschaton 2000”, -con cambio de vestuario de Orion incluido-, y que, sorpresivamente supuso el final de la parte regular del show, tras una hora escasa. Aunque la banda retornó al escenario tras una breve pausa, no fue por demasiado tiempo ya que, tras una inesperada “Lucifer”, Behemoth acometieron el último tema de la noche, “We Are The Next 1000 Years” que, sin ser uno de los momentos más destacables del último álbum, cumplió eficazmente su cometido como cierre.A modo de “bonus”, la outro pregrabada “Coagvula”, tuvo una representación visual en forma de cuatro enigmáticas siluetas encapuchadas, pertrechadas con sendos tambores. Insisto: la corta duración es la única pega que puede ponerse a un show que sobrevoló la excelencia en todo momento.

Visto lo visto, no es arriesgado afirmar que Behemoth se encuentran en su cénit de popularidad. Sin concesión alguna a su sonido ni a su concepto como banda, han llegado al público que debían llegar, y todo apunta a que se van a quedar ahí bastante tiempo.

TEXTO: EDU A. CRIME

FOTOS: LECUMBERRY

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