BE PROG! MY FRIEND (Poble Espanyol, Barcelona 30-06-2017)

In DIRECTOS, RESEÑAS

Que el Be Prog! My Friend es un festival especial está fuera de toda duda. El emplazamiento del Poble Espanyol gusta a asistentes y músicos; es cómodo,  accesible y pintoresco. Las bandas son (todas) de calidad y ofrecen un abanico de estilos abierto a todos los subgéneros imaginables e inimaginables dentro del progresivo. El público, tan ecléctico como el cartel, se desinhibe de prejuicios y disfruta del evento en camaradería, con asistentes procedentes de distintos puntos del mundo, compartiendo espacio con músicos que forman parte del cartel actual o que vienen a repetir la experiencia de años anteriores como meros espectadores. El ambiente es distendido,  cordial y anhelante. Lejos han ido quedando las temporadas donde las opiniones tendían al descrédito,  la crítica y la detracción. Eso, parece, ha quedado relegado para comunidades más estancadas en género y evolución. En su cuarta edición, el festival ha presentado un cartel que parecía escueto, con dos cabezas de cartel de corte clásico como son Marillion y Jethro Tull, y grupos que repiten visita (como Leprous, Anathema o Devin Townsend).  En total, cinco bandas por día. Pero la filosofía del evento es presentar un abanico de estilos: tanto artistas consolidados como desconocidos se suceden en el escenario, dando riqueza al conjunto; así que el público asiduo fue a disfrutar de todas ellas sin poner en duda que el hecho de que haya un número limitado de bandas permite que la mayoría interpreten el show completo, otra de las características propias que el festival se cuida de respetar al máximo.

Así, con un clima que aflojó el calor insoportable de días anteriores, el Poble Espanyol se fue llenando de proggies que querían ver en directo a una de las nuevas incorporaciones a la lista de bandas participantes: Caligula’s Horse, con tres álbunes bajo el brazo y abriendo conciertos para Opeth o Pain Of Salvation, se presentaba como apuesta de banda emergente, y la apuesta salió ganadora. Los australianos empezaron el show con “Marigold”,  repasaron temas de sus primeros trabajos y se centraron de nuevo en su más reciente ‘Bloom’ con “Firelight”, “Daughter of the Mountain”, para acabar con “Rust”. Mostraron actitud positiva, haciendo frente a problemas técnicos con el micro, y en sus cuarenta y cinco minutos de actuación, convencieron. El festival empezaba con el listón alto.

Puntualmente, salieron al escenario Animals As Leaders. El trío formado por las guitarras de Tosin Abasi y Javier Reyes con Matt Garstka a la batería  hizo alarde de técnica y  compenetración, mostrando como conjugar pasajes  que van desde el jazz a la electrónica, apoyándose en samples, pero con una técnica abrumadora. En poco más de una hora repasaron su discografia: “Arithmophobia”, “Ectogenesis”, “Cognitive Contortions”, “Wave of Babies”… para acabar con “CAFO”, lo que fue su tarjeta de presentación. A riesgo de saturar, pues el estilo cuesta de digerir y puede cansar, la mayoría del público, que iba aumentando a medida que avanzaba la tarde, aguanto la embestida técnica de los estadounidenses.

Ya se acercaba primer plato fuerte del cartel. Mike Portnoy, arropado por la banda Haken y el guitarra Eric Gillette, presentaba The Shattered Fortress: cinco temas que tratan el problema del alcoholismo, que fueron apareciendo en distintos trabajos de Dream Theater  y que se agrupan en lo que se viene a llamar ’12 Step Suite’. El setlist se completó, por supuesto, con temas míticos de su antigua banda. Abrieron con “Regression”, “Overture 1928”, “Strange Deja Vu” y “The Mirror”.  Portnoy se dirigió al público para contarnos lo especial del evento, debido a la curiosa recopilación de temas y las escasas veces que las interpretará en directo, tras lo cual recuperó su lugar tras los platos para encarar la suite: “The Glass Prison”, “This Dying Soul”, “The Root of All Evil” cantada por Eric Gillette, “Repentance” con el mismo Portnoy a las voces y “The Shattered Fortress”. Acaban el set con los clásicos de ‘Metropolis Part II’ “The Dance of Eternity” y “Finally Free”, que deja a la audiencia con los pelos de punta. Toda la banda funciona a la perfección y reproduce fragmentos destacables con una interpretación impecable, sobretodo por parte de Eric Gillette en los solos de Portnoy y Ross Jennings a las voces, sin desmerecer a Diego Tejeida a los teclados ni al resto de cuerdas.

Ya en plena noche, puntualmente a las 22:20, toman las tablas los cabezas de cartel del día. Marillion. Reconozco que hasta la actuación de hoy, la banda capitaneada por Steve Hogarth me gustaba, pero no me enloquecía. Prefería los ritmos y las rimas más comerciales de la época Fish, pero debo aceptar que la actuación del viernes me marcó positivamente. Música hecha con calma, sin prisas, pero con vehemencia y sentimiento, con un Hogarth atrayendo toda la atención en la representación que, tema a tema, iba interpretando sobre el escenario. La banda sonó magistral, el sonido fue cristalino y la iluminación impresionante en su sencillez. En cuanto al repertorio, basta decir que “sólo” tocaron cinco temas (de los largos, eso sí),  tres de los cuales eran el músculo de su último trabajo, ‘FEAR’. Empezaron con “The Invisible Men” del ‘Marbles’, y siguieron con “El Dorado”, “The New Kings” y “This Strange Engine” (tema que da nombre a su noveno disco de estudio). “The Leavers” cerraría el show, para dar paso a “Gaza” como bis. Alguna voz se atrevía a indicar que echaba en falta temas emblemáticos de la banda, pero la sensación es que habíamos asistido a un concierto de alta sensibilidad y belleza. Me recordó a la sensación que tuve ante el concierto de Camel en el mismo recinto hace ya dos años.

La dilatada pausa, anunciada para cambiar equipos, sirvió a la audiencia que se atrevió a esperar para reposar anímica y físicamente y  prepararnos para una de las bandas más esperadas del festival. Con veintidós años de carrera, los noruegos Ulver se prodigan poco en directo, lo que causó gran expectación. Expectación que se tornó en sorpresa ante un concierto electrónico, apoyado por un espectáculo visual basado en lásers,  iluminación y proyecciones. Tocaron exclusivamente contenido de su último trabajo, ‘The Assassination of Julius Caesar’, con una propuesta basada en ritmos sintéticos. La banda consta de batería, percusión, teclados y ordenadores para lanzar samples y efectos. Nada de cuerdas. Pasajes que recuerdan a los primeros OMD y propuestas más avanzadas que en directo se visten de cuerpo, dando un espectáculo único y digno de ver. Agotados -pero altamente satisfechos- nos retiramos pensando ya en el segundo día, convencidos que estábamos en medio de la edición más cuidada y mágica del festival de referencia en música progresiva.

TEXTO Y FOTOS: JOSEP M. LLOVERA

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