BARRENCE WHITFILED & LOS MAMBO JAMBO (La [2] de Apolo, Barcelona 16-11-17)

Velada de sonidos añejos y de raíces la que nos había preparado el ciclo Curtcircuit de Estrella Damm. Tres bandas, cada una con su propia idiosincrasia pero duchos en el tratamiento de esos estilos que se hicieron populares en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo.

Con británica puntualidad se encargaron de inaugurar la noche los locales pero veteranos The Big Jamboree, con el infatigable Agustí Burriel a la cabeza. Su rock & roll pasado por el filtro swing y jump gustó y entretuvo a un público que poco a poco iba llenando la sala. Buen sonido para una ‘casi’ big band que sonaban compactos tanto en la recreación de material ajeno (“Baby Please Don’t Go”) o propio (“Tick Tack” o “Saturday Night”). Excelente y classy aperitivo, aunque lo más cafre estaba por llegar. Y de eso se encargaron los londinenses The Fuzillis, que con un cóctel que incluye juventud, energía, descacharre y muchísima actitud se metieron al público en el bolsillo en un santiamén. Tomando como base las enseñanzas de Link Wray, Dick Dale y Little Richard combinadas con energía punk nos contagiaron de su marcha y ya no hubo marcha atrás. Su estilo –prácticamente instrumental- calentó a la audiencia a base de bien, y es difícil que los pies se resistan a Instro-Mentals (como la banda llama a sus canciones) como “Fish Gumbo” o “Right Hand Man”. Con el público ya comiendo en la palma de su mano finiquitaron la fiesta con una revisión en clave cincuentas de “No Fun” de The Stooges y un cachondo “Ungawa” con parte del respetable sobre las tablas portando carteles con el título de la canción o el nombre de la banda. Impagable.

Y con el punto de ebullición alcanzado sólo falto que Barrence Whitfield y Los Mambo Jambo acabaran de sacar las cosas de madre. Los que hemos visto otras veces al bueno de Barrence ya sabemos cómo se las gasta en escena. Genuino shouter soul y rythm and blues salió a escena con el cohete en el culo, sin dar tregua y arrastrando con ello a Dani Nel·lo y cia, sin dar tregua a la banda. Barrence chilló, aulló, saltó, interactuó con el público mientras iba acometiendo tonadas como la desmadrada “Bloody Mary” o “Big Fat Mama”. Y mientras tanto la química Mambo Jambo/Whitfield funcionaba, el tiraba y ellos aguantaban el embiste del histriónico vocalista. Hubo tiempo también para algún tema nuevo que probó que a nivel compositivo también hay química entre ellos. El recital llegó a su fin con la primitiva (valga la redundancia) “Caveman” donde los más bajos y básicos instintos de los músicos afloraron sin el más mínimo atisbo de timidez. Sólo una hora, pero de una intensidad fuera de toda duda. El experimento había funcionado con creces, y nosotros que nos quedamos con ganas de futuras aventuras conjuntas de Barrence Whitflied y Los Mambo Jambo. Desmadre asegurado.

XAVI MARTÍNEZ

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