¡ANDÁ!… LA MERIENDA: LAS DELICIOSAS COLECCIONES DE NUESTRA NIÑEZ (Vicente Pizarro)

In LIBROS, RESEÑAS

(Diábolo Ediciones)

Para todos aquellos que rondamos -o sobrepasamos- los cuarenta, este tomo hace que salivemos como el perro de Paulov simplemente al contemplar su portada. Vicente Pizarro nos invita a una merienda a través del tiempo, de vuelta a los años setenta y ochenta, décadas en las que todo era, definitivamente, más sencillo y donde un pequeño cromo pegado al lomo de un Bollycao pringoso de aceite podía ser considerado un auténtico tesoro. ‘¡Andá! …la merienda’ es un bendito alud de imágenes que creíais haber olvidado, un rescate emocional profusamente documentado, y glosado con mucha gracia, en el que veréis reflejados grandes momentos de vuestra niñez. Años antes de que empezáramos a atesorar vinilos, figuras de acción o guitarras, estas eran las colecciones que importaban: cromos de la liga de fútbol o de las series animadas que nos alegraban el fin de semana, diminutos muñecos monocromados con peanas por pies o divertidísimos mini juegos para toda la familia, solo adquiribles a través de nutritivos salvoconductos con forma de yogures, pastelitos y demás delicias de la bollería industrial. Diábolo vuelve a acertar en lo más profundo de nuestros corazones con un flechazo de simpática nostalgia, ya que por momentos es tarea difícil contener la lagrimita al repasar todas esas colecciones inacabadas (¡o quizás sí!) que encendían nuestra ilusión del modo más inocente, recordando también monumentos al colesterol como los Tigretones, las Panteras Rosas, los Bonys o los ya olvidados Bucaneros, Tronkitos, Tunos, Megatones, Tarzanes y los políticamente incorrectos Pitillos. Un empacho de lo más placentero, qué duda cabe. Ahora solo queda esperar que Pizarro nos brinde una segunda entrega, enmarcada a finales de los ochenta y principios de los noventa, donde no podrán faltar los Chiquitazos, las pegatinas de los marcianos Toy, los chicles del Equipo A o aquellos hologramas espaciales tan fascinantes que traían los tóxicos bollycaos, entre otras joyas pringosas. Pero no adelantemos acontecimientos y disfrutemos de esta magnífica golosina. ¡Que aproveche!

ALBERTO DIAZ

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