SON AND THE HOLY GHOSTS ‘1995’

Son and the holy ghosts 1995(Espora/Blau)

En esta vida, hay momentos/trances vitales que, pese a su cotidianeidad, siempre consiguen cambiar ciertos aspectos de nuestra personalidad. Y qué decir de la influencia de éstos en nuestra persona, si nos dedicamos al cultivo de cualquier disciplina artística. Los mallorquines Son and the Holy Ghosts son el ejemplo perfecto de las tres primeras líneas. En 2009, cuando decidieron arribar a la escena rockera de nuestro país, Guillem Mesquida, su vocalista, guitarra y compositor principal, acababa de sufrir la irreparable pérdida de su padre, histórico miembro de la banda Ossifar (uno de los combos más queridos en las Islas Baleares; banda pop que supo ganarse el corazón de sus adláteres por su finísimo sentido del humor y su buen hacer instrumental). Cuando el músico siempre tiene la sombra de uno de sus ascendientes o hermanos cerniéndose sobre su persona u obra creativa, es normal que éste, en ocasiones, se sienta nervioso ante el perenne miedo de no cumplir las expectativas: no hay nada más humano que el temor a defraudar a quienes nos quieren y queremos; sin embargo, nada de esto impidió que Guillem siguiera los pasos de su padre y se convirtiera en músico. Desde la fundación de Son and the Holy Ghosts (¿título que evoca, quizás, el magnífico álbum de Mark Lanegan, ‘Whiskey for the Holy Ghost’?), el combo mallorquín, ha sabido conjuntar a la perfección la tradición musical heredada del sonido de Nashville, Neil Young, así como la de Bob Dylan o el propio Tom Petty y el sonido Seattle. En 2009 graban su primer LP,’ Lyrics and Songs’; en 2011, ‘Shadows and Monsters’ y en 2013 sacan ‘The Soldier and Ladyfire’, un álbum mucho más sofisticado, y desmarcándose más del sonido de Seattle, mucho más pulido y luminoso. Y un esquema musical que predomina también en su último lanzamiento. Fruto de ese avance, en 2016 tenemos el que, hasta la última fecha, es el último álbum del conjunto balear: 1995. Es éste un álbum que, al igual que su predecesor, se solaza en la melancolía y se  adentra en todo un plácido océano de referencias a Springsteen en “Driven” o “Below”, el Pop-Rock actual en “You and I” y “Why?”, las remisiones a Sufjan Stevens en “Her” y “Alone”, o al Neil Young de Harvest o Zuma en “95”, acrisolando así un compacto homogéneo en su propuesta, y que atestigua la madurez de la banda: personales pero no tan nostálgicos; íntimos sin ser empalagosos, un buen álbum de una banda que, día a día, hace lo que tiene que hacer: sin excesivo ruido, pero con mucho trabajo. Y eso, a fin de cuentas, es lo que importa.

ALEX PALAHNIUK

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