ALICE IN CHAINS (1995) EL CANTO DE CISNE DE LAYNE STALEY

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Debo reconocer que hacía mucho tiempo que no recuperaba el disco homónimo de Alice In Chains; también conocido como ‘Tripod’ o, de manera mucho más prosaica, ‘El Del Perro’. Pero el tiempo vuela, y como quien no quiere la cosa, el disco cumple su vigésimo quinto aniversario; motivo más que suficiente para volver a perderse en sus surcos, y, de paso, ponerlo un poco en el contexto adecuado.

En 1995, y aunque quizá en ese momento muchos no nos dimos cuenta de ello, Alice In Chains era un banda al borde del colapso. Poco quedaba de aquella formación imparable e imbatible, que firmara dos de los trabajos más gloriosos de la década, -‘Facelift’ (1990), y, sobre todo, el incomensurable ‘Dirt’ (1992); uno de los discos de cabecera de quien firma estas líneas-. Por el camino se había quedado ya el bajista original Mike Starr, víctima de sus múltiples adicciones. Y no es que en el seno del grupo la cosa mejorara demasiado. Layne Staley vívia inmerso en un infierno de adicción y depresión, y lo mejor que podía decirse de Jerry Cantrell y Sean Kinney es que eran yonquis funcionales.

Poco antes, con la edición del bellísimo ‘Jar Of Flies’ (1994), y ya con Mike Inez como bajista, parecía que las aguas estaban volviendo lentamente a su cauce, y que la banda estaba consiguiendo salir del pozo sin fondo en que se encontraban al finalizar la extenuante gira de presentación de ‘Dirt’.

Pero, para cuando vió la luz ‘Alice In Chains’ (el disco), todo había vuelto a torcerse. La banda estaba escribiendo su propio epitafio. Quizá no en ese momento, pero poco después muchos empezábamos a pensar que quizá ese iba a ser el último disco de Alice In Chains, como mínimo tal como los conocíamos hasta entonces. No había más que contemplar el escalofriante aspecto que ofrecía Layne Staley en el videoclip de “Again”; abatido, mortalmente pálido, con gafas de sol, y con guantes (las malas lenguas decían que para ocultar las marcas de los pinchazos en las manos)

Recuerdo perfectamente la excitación que sentí al tener en mis manos el nuevo álbum de Alice In Chains…y también la decepción que experimenté con la primera escucha. Soy consciente de que mi opinión no es la más popular en lo que respecta a este disco, pero siempre me ha parecido que algo se había perdido por el camino. Ya era suficientemente complicado superar, -o ni tan siquiera igualar-, algo tan sublime como ‘Dirt’; pero al escuchar ‘Alice In Chains’, estaba escuchando a una banda totalmente extenuada. ‘Dirt’ había sido un verdadero diario de la adicción; se percibía el afán de la banda por transmitir el dolor, la agonía, la tristeza de esa situación. Temas como “Junkhead”, “Rain When I Die”, “Dirt” o “Down In A Hole” (jamás el título de una canción fue tan literal) constituían auténticas llamadas de auxilio, lo cual no dejaba de ser un ejercicio catártico…que helaba la sangre en las venas del oyente. Sin embargo en ‘Alice In Chains’ uno escuchaba el sonido de una banda que se había rendido. Que aceptaba la derrota. Los temas desprenden una frialdad, una lejanía, que llega a perturbar. Lo reconozco, continúo teniendo problemas con este trabajo, al igual que los tuve en la primera escucha. ¿Es un mal disco? ¡No, por Dios! Unos Alice In Chains en sus horas más bajas superan a muchas bandas en plenitud de facultades. Es un álbum de alto minutaje; casi sesenta y cinco que, por momentos (pocos) se me antojan eternos. “Grind” inaugura el trabajo con un ritmo pesado; “Brush Away”, con su enigmático estribillo eleva el nivel. Está claro que la banda aún es capaz de ofrecer calidad a raudales, como atestigua la escalofriante “Heaven Beside You”. Las voces de Staley y Cantrell resultan hipnóticas, como siempre, y siguen funcionando a la perfección. Pero ahí tenemos un tema como “Shame In You” que podría haber resultado excelente, pero que queda lastrado por un exceso de minutaje. La parte central del disco es, quizá la más destacable; y temas como “Head Creeps”, la letal “Again”, “God Am” o “So Close” muestran la mejor cara de la banda. Si el disco finalizara aquí, podríamos estar hablando de un trabajo muy completo; con sus altibajos, y, obviamente, sin poder compararlo con ‘Dirt’. Pero los tres temas que componen la última parte del álbum me resultan impenetrables. Toda la frialdad, la lejanía; todo el cansancio al que me refería anteriormente, se concentra en “Nothing Song” (más claro, agua), “Frogs”, o la final “Over Now” (insisto: más claro, agua).

El álbum significaría, a la postre, el testamento de Alice In Chains con Layne Staley al frente (sin contar con el espeluznante ‘Unplugged’ de 1996). Una banda que, lamentablemente, no pudo desarrollar todo su potencial, cortado de raíz por la prematura -aunque tristemente predecible- muerte de Staley en 2002. Es cierto: la versión actual de Alice In Chains, con William Duvall al frente llevando a cabo un gran trabajo, nos ha ofrecido hasta la fecha tres excelentes trabajos; y es obvio que la banda se encuentra en un gran estado de forma. Pero ¿dónde habrían podido llegar Alice In Chains con Layne Staley? ¿Cuánto más habrían podido lograr, si fueron capaces de facturar álbumes tan imprescindibles como ‘Dirt’ con tan solo unos pocos años de vida? Desgraciadamente, nunca lo sabremos. Dediquémonos, pues, a seguir disfrutando de su legado discográfico. Que no es poco.

EDU A. CRIME

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