ADRIAN BELEW (Bikini, Barcelona 02-03-16)

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La primera vez que vi tocar a este hombre, lo hacía en la banda de Bowie (ya lo conté por estos lares): llevaba una larga coleta y su futura calvicie ya se insinuaba en su frente. Después, lo pude ver en la reunión de King Crimson en los noventa, bajo la amarga batuta de Robert Fripp, con formación de doble trío, y en un grupo donde parecía que divertirse sobre el escenario estaba prohibido -o al menos, mal visto-. Pero el tiempo ha pasado: Bowie ha muerto, los actuales King Crimson son infumables y, a sus sesenta y seis años, Mr. Belew parece estar viviendo una segunda juventud. La coleta ha desaparecido hace mucho y ahora el trío es uno solo (Belew se ha rodeado de dos músicos impresionantes, como Tobias Ralph en batería y la muy solvente Julie Slick en bajo y segunda guitarra). El guitarrista los vampiriza en escena y ostenta tanta energía como sus jóvenes compañeros: Tobias podría ser su hijo y Julie, su nieta… ¡no creo que ni siquiera hubiera nacido cuando Belew grabó ‘Discipline’ con Crimson!

Era la última noche de la gira europea. Belew salió a escena corriendo, saltó sobre un taburete para probar a los fotógrafos y, a partir de allí, nada volvió a ser lo mismo. En sus manos, la guitarra da dos pasos adelante y deja de ser una guitarra para ser un disparador de sonidos inverosímiles. Pero una de las cosas mas importantes es que Belew, a la vez que toca partes super intrincadas de guitarra, crea loops en directo y modifica los efectos de su instrumento mediante una tableta que tiene a mano, también está pendiente de las reacciones del público e interactúa con ellos. Hace chistes, se ríe, también cae -como no- en la entrañable demagogia de decir cosas como “sois el mejor público de toda la gira, en serio”. ¿El repertorio? se dividió entre pasajes de su carrera solista y lo mejor de King Crimson de los ochenta Las que mas encendieron a un público mayor, pero especialmente activo y participativo, fueron la versión de ‘Frame By Frame’ y el último bis con una potentísima ‘Thela Hun Ginjeet’. Cuando se encendieron las luces, solo se veían sonrisas de satisfacción en la sala, porque aquello fue una fiesta. Lo de Belew no es una master class, error en el que caen muchos guitarristas virtuosos que suben a un escenario para demostrar su ‘nivel 326 de samurai de la guitarra’, o como sea que lo llamen en Berkeley. Lo de Belew es comunicar con la gente.

TEXTO Y FOTOS: LECUMBERRY






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