ADIÓS A GREGG ALLMAN (1947-2017)

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No voy a entrar en sentencias absurdas, en plan: “vaya año, este 2017”, “el destino se está cebando con nuestros ídolos”, “menuda racha llevamos”, etcétera. Desafortunadamente, lo de Gregg Allman podía llegar a ser previsible: el bueno de Gregg llevaba ya unos años muy delicado de salud, sus adicciones fueron muy salvajes y su cuerpo finalmente no ha podido resistir el paso del tiempo en buenas condiciones físicas. Pero lo que sí es indiscutible es que, este pasado 27 de mayo, nos ha dejado un coloso de la música americana. Un músico integral, de esos a quien la música le supuraba por todos los poros de su piel.

Gregg fue vocalista privilegiado, consumado teclista, compositor impecable y fundador de una de las instituciones por excelencia de la música americana, The Allman Brothers Band. Ellos, junto a Lynyrd Skynyrd, llevaron el southern rock a niveles inimaginables. Mientras Ronnie Van Zant y los suyos iban en una línea más directa, fruto de añadir a su herencia natural country la influencia de la inmediatez y fuerza británica (especialmente, Stones y Free), lo de los hermanos Allman era mucho más reflexivo y trabajado. Una receta infalible compuesta de blues, soul, folk, country y jazz que le acababa de dar ese indómito e irrefrenable espíritu improvisador sin reglas establecidas de minutaje.

‘Idlewild South’(1970), ‘At Fillmore East’ (1971),  ‘Brothers And Sisters’ (1973) o ‘Seven Turns’ (1990) son solo algunas de las muestras de la mejor música Americana que uno se puede echar a los oídos, donde la voz y los teclados de Gregg son uno de los sellos inconfundibles de la casa, y que venían a ser como la sal que sazonaba todo el talento que emanaba de esa banda. Porque una de las virtudes de Gregg es que siempre supo delegar, estar en su sitio y ceder el protagonismo a quién tocaba en cada momento. Ya fuera a su hermano Duane y su bottleneck en los irrepetibles inicios, al nunca suficientemente bien ponderado Dickey Betts o Chuck Leavell durante casi toda la década de los setenta, a Warren Haynes en el renacimiento musical de la banda en los noventa o últimamente al niño prodigio Dereck Trucks.

Tampoco son moco de pavo sus escarceos en solitario, centrándose más en la canción que en la jam desbocada, Gregg se forjó una carrera todo solo de la que vale la pena destacar discos como ‘Laid Back’ (1973), el directo ‘The Gregg Allman Tour’ (1974), ‘Searching For Simplicity’ (1997) o ese ejercicio de pureza musical que fue ‘Low Country Blues’ (2011). Todos ellos, álbumes que no desentonan para nada junto a las consabidas obras de The Allman Brothers band.

Nos queda todo este legado para recordar eternamente a uno de los músicos definitivos que nos dio América, que, junto a la banda de su vida, convirtió el rock sureño en arte. Con su muerte, el southern rock ha perdido a su última y más fulgurante estrella y el género ya nunca volverá a ser el mismo. Descansa en paz, Gregg. Sólo nos queda agradecerte ese legado atemporal que tan importante ha sido para muchos de nosotros y que siempre conviene revisitar y nunca dejar de lado.

XAVI MARTINEZ

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