AC/DC (Estadio de la Cartuja, Sevilla 10-05-2016)

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Una figura solitaria con sombrero de ala ancha se pasea por las calles del centro de una ciudad europea. Vestida de negro, oculta tras unas gafas de sol, su rasgo distintivo es una cojera provocada por su pierna izquierda escayolada, protegida por una férula. A su paso, deja caras confundidas y escépticas, que se preguntan si es quien parece ser. De repente, se detiene ante el ventanal de un célebre restaurante de comida rápida y decide posar para una foto. Al día siguiente, veremos el resultado en las redes sociales: su imagen, entre relajada y desafiante, aparece coronada por el oportuno calificativo “ANGRIEST” sobre su cabeza, decorado con llamas de fuego a modo de cuernos. Angriest. El más enfadado.
La ciudad es Sevilla. El extraño no es otro que Axl Rose, el controvertido líder de Guns N´Roses, un día antes de su concierto en la capital andaluza con AC/DC, tras la repentina baja de Brian Johnson. La imagen no deja de ser irónica, ya que si por algo ha sorprendido el regreso a la escena pública del cantante de Indiana es por su carácter amable, relajado y feliz. Axl ya no se esconde tras una marea de guardaespaldas, ni responde de manera arisca cuando le preguntas. En Sevilla, no ha dejado de hacerse fotos con quien se lo ha pedido: fans, oportunistas o algún que otro jugador de fútbol. La estrella se ha mostrado en todo momento accesible y cercana, tal vez porque no ejerce de líder de Guns, sino como cantante invitado de AC/DC; o tal vez porque realmente está disfrutando de formar parte de la historia, ayudando a una banda que ama desde niño, como un fan más. De cualquier forma, cuando saltó la noticia de la sustitución de Brian Johnson por Axl, uno no sabe si las quejas, críticas e insultos que se vertieron al respecto se debían más a la ausencia del frontman que grabó ‘Back In Black’ o a la incorporación del pelirrojo, famoso por su capacidad innata para irritar a todo tipo de audiencias. Resulta cuanto menos curioso que apenas aparecieran voces discordantes contra Angus ante la ausencia de pilares de la banda tan importantes como Phil Rudd y, sobre todo, Malcolm Young, artífice de gran parte del sonido AC/DC.
El primer concierto en Lisboa ya nos había dado pistas de lo que se avecinaba en Sevilla, pues todas las críticas de los medios portugueses habían sido positivas. Incluso sentado en una antiestética silla, había unanimidad en el hecho de que Axl había estado a la altura de las circunstancias. Estas noticias habían provocado un cambio de tendencia entre muchos fans clásicos de AC/DC, aunque las denuncias ante la FACUA y la posterior devolución de entradas seguían estando en la palestra. Pero era un hecho que las cosas habían cambiado, como demostraba el fenomenal ambiente en la ciudad, repleto de camisetas negras con el logo de la banda, y sobre todo en las inmediaciones del estadio de la Cartuja, horas antes del comienzo del evento; eso sí, con una de las peores organizaciones que se recuerdan: colas kilométricas de miles de fans en fila india, con un ritmo de avance propio de una procesión de Semana Santa provocaron el retraso (y no Axl Rose como algún malpensado apuntó más tarde) del inicio del show. Al menos había dejado de llover.
Al final, nueve minutos antes de las diez de la noche se apagan las luces y se proyecta una animación en las pantallas gigantes del estadio. En ella, dos astronautas de nacionalidad australiana realizan un alunizaje que acaba con sorpresa, al descubrir un meteorito con el logo de AC/DC que de buenas a primeras se pone en órbita en dirección a la Tierra. Su impacto final contra nuestro planeta, provocará una explosión que marcará la entrada de la guitarra de Angus con el riff de “Rock or Bust”. Más de sesenta mil personas, la mayoría con la diadema de cuernos brillantes en sus cabezas, gritan de júbilo, extasiados. Da comienzo así un perfecto espectáculo de rock de estadio que no decaerá en las siguientes dos horas y que destacará por una acústica excelente para un recinto de estas características.
Seguro que no era la intención inicial de Angus, pero el meteorito se convertirá en la perfecta metáfora de Axl Rose aquella noche, porque bastó que W.A.R. comenzara a cantar para que se disiparan todas las dudas sobre la conveniencia de su participación en esta fiesta. Axl Rose hizo gala de una capacidad vocal superlativa, superior a su etapa en Guns N´Roses, e incorporó al repertorio de AC/DC una mala uva, un toque sleazy y una musicalidad de la que la banda australiana carecía desde los tiempos de Bon Scott. No es casualidad por tanto que precisamente sea en los temas más antiguos (que son más numerosos en esta gira) el estilo de Axl se encuentre más cómodo. Temas como “Hell Ain’t a Bad Place to Be”, “Sin City”, “High Voltage” o “Let There Be Rock” encajan como un guante en esa garganta afilada como una cuchilla.
Desde el comienzo, asistimos además a un hecho insólito en la carrera de Axl: por primera vez, lo vemos en un segundo plano, siempre al servicio del líder y alma mater de AC/DC, mister Angus Young. Sin duda favorecido por su inmovilidad (pero, sobre todo, mostrando un respeto reverencial por una banda capital de la historia del rock), el frontman cede todo el protagonismo visual al hombrecillo ataviado con el traje de colegial, que -una vez más- mostró la energía y maestría que se le presupone a su leyenda. No obstante, y a pesar de esto, resultó cómico el modo en el que Angus se hacía valer como líder absoluto en algún momento del show, sobre todo cuando Axl se excedía en las presentaciones de las canciones. Axl estaba relajado, exultante, y no dudaba en realizar chascarrillos o mencionar algún recuerdo personal antes de dar paso a cada tema. Cuando Angus decidía que la cosa se estaba alargando demasiado le lanzaba un guitarrazo de los suyos, y a ponerse en marcha.
Esa fue la tónica de toda la noche. Axl Rose sobradísimo de voz, disfrutando en su silla como un niño con zapatos nuevos, clavando cada nota y dándole su toque personal, y Angus, soberbio con su guitarra SG, llevando todo el peso del concierto. En ese sentido, y con todos los respetos hacia Brian Johnson, si echamos en falta a alguien aquella noche fue a Malcolm Young, pieza fundamental en la maquinaria australiana. Porque Stevie Young, su sobrino, realiza un papel tan correcto como discreto. Tampoco ayuda la base rítmica de Chris Slade y Cliff Williams, siempre en un papel muy gris, muy por detrás: no cometen ningún fallo, pero tampoco destacan, más bien parecen una banda de acompañamiento. Por supuesto, Angus se basta y se sobra de carisma y rock and roll para sacar adelante todo el show, pero se le ve muy solo en algunos momentos. Nunca antes como ahora, Angus Young es AC/DC.
Con respecto al repertorio, se repitió el set-list de Lisboa, que había recuperado temas muy olvidados de su trayectoria como “Riff Raff” (uno de los favoritos de Axl Rose y que ya habían presentado juntos en Coachella con los Guns) o “Rock and Roll Damnation”. Una vez más, el grueso se nutre de la habitual presencia de hits de los mejores discos de la banda: “Highway to Hell”, “Back In Black” y “Let There Be Rock”, así como temas más recientes que han acabado convertidos en fijos del set como la efectista “Thunderstruck” (con la mayor ovación de la audiencia) o la comercial “Rock and Roll Train”. Es un signo evidente de los tiempos que temas menos conocidos y mucho más brillantes como “Have a Drink On Me”, “Given the Dog a Bone” o “Shot Down In Flames” reciban una respuesta más tibia del respetable. De todas maneras, el final del show fue un auténtico tour de force incontestable con “Highway to Hell”, “Riff Raff” y “For Those About to Rock (We Salute You)”.
Ni que decir tiene que “Whole Lotta Rosie” fue uno de los momentos álgidos de la noche, de tan acostumbrado está Axl a cantarla desde los tiempos de Guns N´Roses (según el vocalista, fue la primera canción que escuchó de la banda australiana y es uno de los temas que más y mejor lleva a su terreno). Por otro lado, cabe citar de insólita la interacción de Axl con el público en el tema “High Voltage”, ofreciendo al público el micrófono para que coreara el estribillo, algo impensable hace años en la otrora peligrosa rockstar. Por supuesto, el show incluyó todos los gimmicks habituales de AC/DC, salvo el célebre striptease de Angus, desde la campana en “Hells Bells” hasta el rayo de “Thunderstruck”, sin olvidar la muñeca hinchable gigante en “Whole Lotta Rosie” (más agraciada que hace seis años) o los cañones en “For Those About to Rock”. Además, en la parte final de “Let There Be Rock”, Axl desaparece del escenario para que Angus se luzca con su solo de quince minutos. A punto de finalizar su ya clásica exhibición con paseo por la pasarela entre el público y plataforma elevadora incluida, volvemos a ver al pelirrojo, de pie por vez primera para despedir la canción, marchándose cojeando antes de los bises. Hasta entonces, Axl había hecho amagos de levantarse, mucho zapateo y bailoteo en la silla (snake dance incluido, algo realmente difícil) y sobre todo una sonrisa de oreja a oreja.
Tras los bises, las explosiones, el confeti, las luces y los cuernos brillando, todo el mundo mencionaba dos nombres: Axl Rose y Angus Young, Angus Young y Axl Rose. Ese podría ser el perfecto resumen de una noche histórica. Más que un concierto de AC/DC al uso, asistimos al insólito encuentro entre dos leyendas vivas del rock interpretando un repertorio de ensueño. El motivo de la sustitución de Brian Johnson tal vez haya sido económico, nadie lo duda; de hecho, el propio montaje en forma de diadema gigante con cuernos no engaña a nadie. Pero al finalizar el show, Angus doblado sobre su SG y Axl de pie con los brazos en alto, podíamos adivinar mucho más que eso en sus caras. En nuestras caras. Se trata de formar parte de algo más grande que tú mismo, de mantener vivo, mientras se pueda, uno de los mejores legados de la historia del rock and roll. Y hacerlo con profesionalidad, con respeto, con pasión. Todo lo demás son fuegos de artificio y cañones de juguete… y discusiones peregrinas que no llevan a ningún lado. Quien tenga la oportunidad de asistir a alguno de los conciertos de esta gira europea, no debería dudar ni un segundo. Estamos hablando de historia viva del rock and roll.
JORGE BORONDO

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