A DEGÜELLO: HELLACOPTERS (II)

Esta mañana ha tocado loar la obra, carrera y milagros de Hellacopters. Ahora es el turno de Xavi Martínez para desmontar el mito de los suecos, que aún gustándole parece que siempre le han parecido un poco un globo hinchado.

EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS….

Creo que para hablar con propiedad sobre Hellacopters hay que hacer un poco de eso que se llama ‘memoria histórica’. La primera mitad de la década de los noventa había sido poco menos que exuberante musicalmente hablando, la última gran explosión de creatividad que ha dado el rock; el mal llamado grunge con Nirvana y Pearl Jam a la cabeza, la nueva revolución metálica con Pantera y Korn, el rock industrial de Ministry o Nine Inch Nails, deliciosas extravagancias como Primus…El cielo en la tierra para cualquier fan desprejuiciado del rock en la tierra. Pero todo esto empezó su fundido a negro a partir de 1995, la llama creativa se estaba apagando, y es ahí donde entró la invasión escandinava con Hellacopters a la cabeza. Haciendo un ejercicio de honestidad brutal (como Calamaro) había que reconocer que estos descendientes vikingos no podían hacer sombra a las bandas antes citadas, pero no fuimos pocos los que nos agarramos a un disco como ‘Payin’ The Dues’ como a un clavo ardiendo. El Entombed Nicke Royale entregaba un disco estruendoso y aguerrido que recuperaba el espíritu de MC5, sin ser una obra cumbre cumplía muy bien su cometido de seguir saciando nuestra sed en lo que iba a ser una travesía del desierto. Como siempre sucede en cualquier escena musical las puertas se abrieron para otros combos, llegando también el éxito para bandas como Turbonegro, Gluecifer o Backyard Babies. Y ¿Qué queréis que os diga? Disfruté mucho más que ‘Payin’ The Dues’ discos tan redondos como ‘Total 13’ de Backyard babies o el inconmensurable ‘Apocalypse Dudes’ de Turbonegro, uno de los mejores discos de los últimos veinticinco años y que debería ser el rasero con el cual medir esta invasión escandinava. ¿Y Hellacopters? Para mi gusto ahí seguían a lo suyo pero sin acabar de epatarme, pero también tengo que reconocer que mostraron estabilidad y perseverancia a diferencia de compañeros estilísticos y de generación. Acudí por supuesto a casi todas sus presentaciones en directo en la Ciudad Condal y tampoco me acabaron de atrapar en directo a diferencia de algunos explosivos y memorables conciertos que ofrecieron Turbonegro, Backyard Babies y Gluecifer. No es que Nicke Royale y los suyos ofrecieron malos conciertos, pero no conectaba con su directo; daba igual los discos que fueran acumulando siempre tocaban una hora de reloj, ni un minuto más, y sus poses estudiadas con guitarras al aire impactaban la primera vez, pero luego se volvieron predecibles y aburridas.

Pero también tengo que reconocer que me dieron una de las grandes alegrías discográficas del año dos mil, y que llevaba por nombre ‘High Visibility’. Un estupendo disco que me capturó por sus composiciones inmediatas y también (para que nos vamos a engañar) porqué recordaba y mucho a los KISS más setenteros, habían canciones ahí que podrían haber sido entonadas por Paul Stanley o Gene Simmons sin problema. Pero también reconozco que es un disco que tengo olvidado, que perdió rápido su frescura, no como el ‘Apocalypse Dudes’ de Turbonegro al que sigo recurriendo con frecuencia y que sigue consiguiendo que se me erice el vello cada vez que escucho los primeros acordes de “The Age Of Pamparius”. Volviendo a Hellacopters, para servidor la cosa se fue desinflando con discos repetitivos y poco inspirados como “By The Grace Of God”, y de ahí hasta su disolución, de la cual ni me tomé la molestia de asistir a su gira de despedida.

Unos años después las actuales leyes de mercado respecto a las giras han hecho que volvieran y además en olor de multitudes y con flipe generalizado. Las redes sociales hirviendo con fechas en festivales y la gente organizando viajes para ver algo que yo he visto varias veces cogiendo simplemente el metro o el autobús. Y ahora tocando en salas el triple de grandes de cuando lo hacían en su primera vida. De hecho les volví a ver en una de sus primeras fechas de reunión en el Azkena Rock Festival y aquello me pareció lo de siempre, ni conecté con ellos y me pareció bastante más desangelado que cuando los veía en salas, que tampoco es decir mucho.

No voy a negar los méritos de Hellacopters, irrumpieron con fuerza cuando el rock empezaba a desfallecer e insuflaron energía, pero visto con la perspectiva del tiempo me parece que cumplen con aquella máxima de “En el país de los ciegos el tuerto es el rey”. Correctos, auténticos, entrañables, con algún que otro disco y canción destacable pero lejos del aura de banda legendaria que el mercado rock actual y las redes sociales les quieren otorgar. Y con vuestro permiso me voy a escuchar a Turbonegro.

XAVI MARTÍNEZ






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