A DEGÜELLO: GRUPOS TRIBUTO (I)

In A DEGÜELLO, OPINIÓN

Inaguramos hoy una nueva sección en Rock On Magazine. El mundo del rock & roll siempre ha sido contradictorio y además lleva una visceralidad implícita al opinar sobre muchas de las cosas que nos gustan o no. Así que en esta nueva sección plantearemos diversos temas siempre que tengan que ver con el rock & roll y os ofreceremos dos puntos de vista, el positivo y el negativo, o el a favor y en contra. Entrando ‘A Degüello’ si es necesario, y de ahí el nombre de la sección. Esperemos que la disfrutéis.

Nos estrenamos hoy con un tema que ya lleva tiempo dando que hablar; las bandas tributo. Para unos el cáncer de la escena, para otros simple y puro entretenimeinto. Empecemos con el lado positivo que le ve nuestro colaborador Yuri Vargas. Que habla con conocimiento ya que conoce el tema de primera mano.

POR SUPUESTO QUE SÍ: QUE NO PARE LA FIESTA

Me piden que hable sobre “el tema de los grupos tributo” y me pongo en alerta. He argumentado sobre lo mismo miles de veces e incluso participé en el reportaje de una conocida revista metálica sobre el asunto.

Para quien no lo sepa, servidor milita en una de ellas, desde hace aproximadamente una década. Toco el bajo en Killing Machine, posiblemente la banda tributo a Judas Priest más veterana de España. Precisamente este sábado que viene, 25 de marzo, tocaremos en Bóveda interpretando íntegramente el “Priest Live!”, mientras que nuestros compañeros de escenario, The Prisoners, harán lo propio con el “Donington 92”, el directo de Iron Maiden. Será muy divertido. ¿Y porqué os explico esto? Pues porque, para un servidor (y supongo que para mis compañeros tributeros de escenario), siempre se ha tratado de lo mismo, de pasarlo bien tocando temas que adoramos, compartiendo nuestra pasión con el público que quiera acompañarnos.

Vereis, ese siempre fue nuestro objetivo. Divertirnos tocando, recuperar temas que las bandas originales ya han olvidado y montar esos repertorios que cualquier fan pueda soñar. Y ahí se acaba todo, al menos para nosotros. Porque dejadme deciros, que de pasta, más bien poca. Nunca hemos hecho balance entre lo que hemos ganado en los conciertos y lo que hemos gastado en el alquiler del local de ensayo, los desplazamientos, gasolina, comida, flyers, etc, pero estoy seguro de que perdemos dinero o en el más optimista de los casos, nos quedamos igual.

Pero permitidme añadir más. Sólo somos una banda tributo. Somos prescindibles. No somos necesarios. No somos nadie. Sin embargo, aportamos toneladas de diversión a aquellos fans que vienen a nuestros conciertos y quieren corear “Breaking the Law” hasta quedarse afónicos. O darme el placer de tocar temas fetiche para mí como “Desert Plains”  (aunque no la reconociera casi nadie la única vez que la interpretamos), “The Rage” o “Heading Out To The Highway”.

No somos más que una alternativa lúdica para un sábado por la noche. Por otro lado, ni siquiera me considero músico, sólo un tío que sabe tocar unos cuantos temas. Tampoco me he tatuado la cara de Ian Hill en el pecho, ni siquiera me pongo delante del espejo para ensayar sus movimientos. Toco los temas de Priest tal como los siento y no pienso quedarme clavado en el mismo sitio como el bajista inglés. Evidentemente hay ciertos guiños que hay que darle al público porque, simplemente, molan.

El problema es que cuando se suele hablar del “tema de las bandas tributo” se hace de forma negativa, casi despectiva. Y ya es un cliché. Que si se comen la escena. Que si acaparan las agendas. Que si no dejan crecer a las bandas de temas propios. Y un largo etcétera de males apocalípticos que se nos atribuyen casi de forma automática.

Lo molesto del asunto es que casi nadie va al núcleo del problema. Y es que desde que la gente -así, a grosso modo- decidió que no quería pagar por la música (ni por las películas, ni por la cultura en general), podía pasar de todo. Vamos a resumir. De entrada, gran parte de la industria desaparece. Las discográficas que quedan, y las valientes que hayan podido aparecer, van a lo seguro, a por las bandas que les puedan reportar beneficios a corto plazo, con lo cual muchos grupos no tienen la oportunidad de crecer, tal como era habitual “antes”. Sin el paraguas de las discográficas, la mayoría de los grupos van perdidísimos y hacen la guerra por su cuenta. Claro, la mayoría no tienen ni idea de promoción, de tratos con la prensa, de negociar giras y una larga lista de funciones de las que se tienen encargar ellos mismos, y que “antes” llevaban a cabo las malvadas discográficas.

Después llega el momento inevitable en que las cosas no funcionan y hay que culpar a alguien… Y aparecen los agravios comparativos: “¿Cómo es que ese Grupo Tributo a X llena las salas y mi proyecto en el que me he dejado la pasta y la salud (pero que no me he ocupado en dar a conocer y, desde luego, no me he gastado un duro en promocionar) no?”. Lo siguiente es ya conocido, lloriqueo sempiterno, el mantra de “no se apoya la escena local” y el zasca final, “la culpa es de las bandas tributo”.

¿Pero sabeis qué? Miles de bandas lo siguen intentando con mejor o peor fortuna, y un buen puñado de ellas lo consiguen y no recuerdo a ninguna de ellas quejarse de las bandas tributo. Preguntaos cómo diablos una banda de un género, en principio,  tan poco mainstream como es el rock instrumental, como Toundra arrasan, saliendo en medios como El Pais. O Angelus Apatrida. O Crisix participando en Los Conciertos de Radio 3. ¿Será que habrán hecho algo bien? ¿A lo mejor se han preocupado en averiguar cómo se hacen las cosas, contratar los servicios de un buen gabinete de prensa e invertir dinero en publicidad?

¿Y el público? El público manda y no se equivoca. Obtiene siempre lo que desea, lo que demandan sus necesidades. Sí, tiene toda la música al alcance de un click y escoge lo que le conviene. Y vuelvo a recordar que hay bandas que sí lo consiguen, dentro de los parámetros que hoy se puedan considerar como un triunfo.

Y yo, que no soy nadie dentro del mundo de la música, no dejo de extrañarme cuando me entero de que tal sábado ha ido más gente a mi bolo que al de X de temas propios, incluyendo bandas internacionales. ¿Qué debería hacer? ¿Dejarlo? ¿Cambiaría algo? ¿Van a triunfar estas bandas de inmediato cuando yo me haya ido a casa? Con gusto lo haría si eso fuera así, pero luego me acuerdo de que el mundo de la música no tiene nada que ver con la lógica, y mucho menos con “lo justo”, y se me pasa.

En lo que a mí respecta, seguiré tocando con mi grupo tributo, lo volveré a intentar con algún proyecto de temas propios, seguiré consumiendo los clásicos, descubriendo propuestas nuevas y gastando lo que pueda en música. Y cuando me aburra, pues a otra cosa mariposa. Pero de momento, la excitación de subir a tocar hora y media de repertorio de Priest el próximo sábado no hay dios que me la quite.

¿Ya he dicho que no soy nadie?

YURI VARGAS

Dentro de un ratito tendremos la opinión diametralmente opuesta. El debate sólo acaba de empezar.

 

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