A DEGÜELLO: GHOST (I)

In A DEGÜELLO, OPINIÓN

La enigmática banda sueca Ghost se han convertido por derecho propio en uno de los referentes del rock actual. Pero como sucede siempre lo que a unos les provoca devoción a otros les produce disgusto. Lo que no se puede negar es que no dejan indiferente a nadie, cosa que no está al alcance de cualquiera. Dentro de muy poquito les tendremos de nuevo por estas tierras, una nueva visita donde es palpable su crecimiento en todos los sentidos vistos los lugares en los que se han programado sus conciertos.

En esta casa -para bien o para mal- tampoco dejan a nadie indiferente, y por eso se antojan ideales para protagonizar hoy nuestra sección de opiniones enfrentadas ‘A Degüello’. Vamos primero con la opinión de alguien que ya hace tiempo que ha vendido su alma al Papa Emeritus.

POR SUPUESTO QUE SÍ: EXPERIENCIA ÚNICA E IRREPETIBLE

Se veía venir. Desde el momento en que tuve conocimiento de su existencia, hará unos cuatro o cinco años, supe que serían grandes… y que serían duramente criticados por mucha, mucha gente. Y no sólo eso, sino que incluso acerté en la naturaleza de  la batería de dardos envenenados que les iba a caer encima. Que si eran como King Diamond, pero sin pelotas; que copiaban a Kiss, pero sin gracia; que sonaban como Blue Oyster Cult, pero sin personalidad. Que si era satanismo para críos. etc, etc. Toda una serie de clichés, lugares comunes y, sobre todo…prejuicios. Pura sabiduría de facebook. Todo el mundo creía saber cómo debían ser, cómo debían sonar, cómo debían comportarse. O sea, que el problema era que Ghost no encajaban en la idea de lo que  muchos aseguraban que debían ser. Craso error, porque los misteriosos suecos llegaron para quedarse y se les tiene que aceptar tal y como son. Si su disco debut, ‘Opus Eponymous’ (2011), era notable, se superaron con ‘Infestissumam’ (2013) y fueron mucho más allá con ‘Meliora’ (2015). Y la progresión no tiene pinta de detenerse.

Y ahí está la clave, amigos, Ghost tienen canciones. Mucho más allá de fórmulas preconcebidas, estilos cerrados o clichés, los misteriosos suecos saben escribir temas redondos, que respiran y tienen vida propia. Piezas como la potente “Con Clavi de Dio”, la ensoñadora “Ritual”, la divertida “Ghuleh / Zombie Queen” (propia de un guateque en el Infierno), el himno “Year Zero”, el aproximamiento al prog de “Spirit”, la emocionante “He Is” (su particular “Sweet Child O’ Mine” satánico) o la más reciente “Square Hammer” (de su EP “Popestar”, 2016) lo demuestran. Son canciones que muchos consideramos básicas para entender el estado actual de hasta dónde ha llegado el rock / metal a estas alturas de siglo. Y si creéis que exagero, deberíais preguntaros porqué el propio Steve  Harris se los ha llevado de teloneros en la reciente gira americana de Iron Maiden. O porqué personajes tan notables como James Hetfield, Phil Anselmo o Dave Grohl han declarado en público su amor por la banda o han colaborado con ellos (en el caso de Grohl) directamente. ¡Qué diablos! ¡Si hasta he visto a un miembro de The Jayhawks (una banda muy poco sospechosa de frivolidades, y mucho menos de militancia pro-metal) lucir una bonita camiseta de Ghost en una entrevista en una cadena de televisión estatal!

Por otro lado, la historia del rock and roll está llena de bandas que han utilizado de forma más o menos afortunada una imagen y puesta en escena teatralizadas para presentarse en público. Algunas, como Kiss, lo consiguieron con gran éxito. O Mötley Crüe. O Alice Cooper. Pero todas ellas tienen una discografía notable. Lo mismo con Ghost. Su look de clero mefistofélico no es una boutade, un capricho o un recurso al que recurrir por falta de propuesta. En este caso la imagen es un complemento ideal para la banda sonora que ofrecen. Aquí hay un concepto, una idea de fondo que casa perfectamente con lo que oyes. Imagen y sonido se fusionan para ofrecer una experiencia única e irrepetible. Aun así, me vienen a la memoria las palabras de un prestigioso crítico musical de un periódico generalista de Barcelona, refiriéndose al concierto que ofreció la banda en una abarrotada Sala Apolo: “Cerrabas los ojos y aquello funcionaba”, y os aseguro que mi colega no le impresiona cualquier cosa.

Sí, queridos lectores, un servidor obtiene de Ghost toneladas de placer auditivo y visual. Me suenan frescos, emocionantes y divertidos. Que la escasez de magia que debería ofrecer la música es un mal generalizado, es un hecho que a pocos se os puede escapar.  Pues Ghost la ofrece a toneladas, y ese es un mérito que a nadie se le debe pasar por alto.

Per Aspera Ad Inferi!!

YURI VARGAS

En breve le daremos paso al reverso tenebroso de esta opinión

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