666: LAS VIDAS DE EDDIE

Eddie, la famosa mascota de la genial banda de Heavy Metal, Iron Maiden, se ha revelado en sí misma como el símbolo más reconocible de la producción discográfica de los británicos y como el icono siempre presente en todo tipo de merchandising, cartelería y espectáculos que, a lo largo de sus treinta y cinco años de carrera, han llevado exitosamente por todo el planeta. Más allá de su imagen plástica cambiante, concebida como una suerte de criatura del inframundo que despliega a través del horror y la transgresión un poderío imbricado con la potencia musical de un estilo elevado por Iron Maiden a cotas de un valor universal incuestionable, Eddie se revela como el alter ego inmanente de la propia banda, acompañándola como un séptimo miembro más, dotado de vida propia que existe, se transforma, muere y renace con cada álbum, cada gira y cada ilustrador. Porque Eddie, al fin y al cabo, no deja de ser un dibujo que adquiere volúmenes y apariencia de movimiento en momentos distintos del devenir artístico de la banda, de la mano de unos diseñadores que se han afanado, cada cual con estilo propio y con mayor o menor acierto, en perpetuar al personaje y dotarlo de identidad para que millones de fans sigan reconociéndolo y admirándolo.

las vidas de eddie

Aún admitiendo que Eddie es una simple mascota, articulada sobre el papel por varios creadores, debemos afirmar que los hilos de su “existencia” han sido manejados por las notables dotes de mando del líder indiscutible de la banda, el bajista Steve Harris, y por la siempre visionaria certidumbre de su manager, Rod Smallwood, cuyas luces y sombras se alargan desde los mismísimos orígenes de Iron Maiden. Si bien es cierto que el personaje comenzó a gestarse antes de ser dibujado por Derek Riggs -su primer y más sobresaliente ilustrador- como una máscara de papel maché que fue creada por un tal Dave Beasley para ser exhibida como parte del decorado en los primeros shows de una aún desconocida Doncella, fueron la creatividad y el hábil pincel del dibujante los que tuvieron mucho que ver en el desarrollo de la historia venidera que situó al Eddie en el estatus de símbolo universal del Heavy Metal, trascendiendo su impronta como mero emblema escénico e imagen comercial de Iron Maiden. Riggs había empleado como inspiración unos bocetos que ya tenía dibujados de un personaje al que llamó Electric Mathew, añadiendo el dramatismo de una vieja foto que mostraba la cabeza decapitada de un combatiente americano clavada en un tanque vietnamita. Junto con las bases de la rudimentaria máscara de los conciertos de inicio y de un imaginario de su propia cosecha, Riggs ilustra la que sería la portada del primer álbum de estudio de la banda, que salió en 1980 con el título ‘Iron Maiden’. Nace así Eddie The Head, nombre que uno de los guitarristas, Dave Murray, aseguró que provenía de un chiste local de la época.

En aquella primera etapa, Eddie se encarna en un personaje callejero que surge en la noche, bañado por la tenue luz amarillenta de las farolas y de una luna aureolada que parece proyectarse en los ojos inexpresivos de ese famélico ser, revelándolo como una especie de zombie malévolo con cresta. En el single que precedió al álbum debut y que llevó por título “Running Free” se intuye el porte de la criatura aunque, difícilmente, se llega a apreciar su rostro, velado por una sombra en la que tan solo destacan los ojos, a modo de luminarias infames. Un chaval metalero corre despavorido, volviendo la vista atrás mientras la amenaza latente de una garra detendrá su huida. Ya tenemos en danza a un individuo de pésima reputación al que los fans temerán y admirarán, por partida doble.

Iron maiden running free

El despiadado Eddie, que Riggs ha ideado como una deformación de un punkie de la época salido de ultratumba, ha acuchillado a Margaret Thatcher en el siguiente EP, titulado “Sanctuary”. Poco después, en el sencillo “Women in Uniform”, le vemos pasearse con dos féminas mientras una resucitada y uniformada dama de hierro le espera tras una esquina, ametralladora en mano, dispuesta a vengarse. Pero en 1981 se edita ‘Killers’, el segundo álbum de estudio de la banda, mostrándonos a Eddie lejos del arrepentimiento, muy crecido en depravación y jactándose de un nuevo crimen mientras su moribunda víctima suplica piedad. O eso intuimos al ver unas manos desgarrándole la camiseta mientras levanta un cincel ensangrentado. Para entonces, nuestro personaje, ya ha decidido convertirse en una bestia de dimensiones colosales, planeando disputarle al mismísimo diablo el honor de ser la más feroz y depravada criatura del universo.

Iron maiden killers women in uniform

Cuando a finales de ese año Steve Harris decide sustituir a Paul Di’Anno y darle el puesto de cantante a Bruce Dickinson, probablemente no imaginó que el nuevo álbum que estaban preparando se convertiría en la obra maestra por excelencia, no ya de Iron Maiden, sino de toda la historia del Heavy Metal. La portada de Riggs resulta del todo visionaria y anticipa el inmenso impacto que tendría en la audiencia del mundo entero ‘The Number of The Beast’, donde un Eddie gigantesco desciende al infierno con intención de manipular al diablo, moviéndolo con los hilos que penden de su garra. Éste, a su vez, manipula una pequeña marioneta que no es sino un Eddie de trapo, escena que acontece en un páramo sembrado de fuego. Si bien, una ojeada menos detallada y a mayor distancia de la portada nos haría ver a la Bestia de Iron Maiden afanada en alcanzar con su mano abierta la figura empequeñecida de un demonio en plena huida. Tal vez, esta dualidad en la interpretación la plasmara Riggs subliminalmente, dándonos una pista del acontecer histórico de un hecho musical sin precedentes: la hegemonía de un nuevo despertar de la NWOBHM, encarnada en la banda británica, frente al empequeñecimiento progresivo de un género absolutamente poderoso hasta hacía poco y que tanto le había influido, el Hard Rock. Si el rock duro, a todas luces, había sido considerado la música del diablo en la década de los setenta -con bandas como Led Zeppelin o Black Sabbath como epítomes de tal dudosa adjetivación- el metal pesado y, por ende, Iron Maiden como mayores representantes contemporáneos del género, serían entonces vistos durante los ochenta como la exacerbación de esa música infernal. Así que, tanto la portada de su tercer álbum, su propio título y las poderosas melodías que atesoraba, no harían sino confirmarlo.

Iron maiden the number of the beast

Con “Run to the Hills”, el single, vemos a Eddie enzarzado en una lucha cuerpo a cuerpo con el demonio: el mal contra un mal mayor, dos cíclopes disputándose el trono de la maldad absoluta. En la portada del single que lleva por título “The Number of the Beast” la confrontación quedará resuelta a favor de Eddie, quien exhibe la cabeza cercenada del diablo, dando así por finalizada la batalla entre los dos contendientes, y por tanto, entre los dos géneros musicales. Claro que esto es una interpretación libre donde esos matices subliminales habrían quedado explícitamente expuestos de haberse mantenido la idea original de la banda respecto a la identidad de la cabeza decapitada que, en un principio, habría tenido que ser la de Ozzy Osbourne, según nos cuenta Riggs, en clara referencia al incidente del mordisco del murciélago. Pero ciertos imperativos legales, o la mera prudencia, dieron al traste con semejante parodia y Riggs optó por dibujar una testa con largos bigotes, emulando a los de pintor Salvador Dalí.

Iron maiden number hills

En 1983 se edita el cuarto álbum de estudio, ‘Piece of Mind’, que supuso la continuidad del genio musical de la banda y donde podemos apreciar una progresión técnica ascendente, subrayada en un tema tan mítico como “The Trooper”. Retomando la historia narrada en las portadas, haber perpetrado la ejecución de Satán hizo que cayera sobre Eddie un insufrible castigo. Para este disco, Riggs recrea una escena de lo más claustrofóbica: Eddie aparece encadenado en una celda acolchada, rapado y lobotomizado, embutido en una camisa de fuerza mientras intenta, vanamente, zafarse de ésta. La demencia es pues su condena y su aspecto miserable y enajenado, aunque agresivo, nos podría inspirar una cierta conmiseración. Pero dado que su maldad y las artimañas para salirse con la suya no tienen límites, pronto le veremos en la portada del single, “The Flight of the Icarus”, aparentemente liberado de su celda de castigo. Un abundante pelo, como el que solía lucir antes de su encierro, nos hace pensar que la portada del single fue un dibujo anterior al realizado para el LP, así que nos permitimos argüir que se trata de la “ensoñación” del loco Eddie encarcelado, o de un “recuerdo” de su vida anterior a la lobotomía de la que ha sido objeto, y que le ha sellado el cráneo y, también, a modo de metáfora, toda posibilidad de contrición. Dotado de alas de murciélago y armado con un lanzallamas, Eddie vuela a esconderse tras haber quemado al iluso Ícaro quien intentaba emular a los mismísimos pájaros con sus plumas de cera. La imagen de este personaje, cayendo inflamado, es una alusión intencionada a la banda de Hard Rock, Led Zeppelin, disuelta tras la muerte de su batería, John Bonham, acaecida pocos años antes. ¿Nueva referencia soterrada de Riggs al declive del Hard Rock como género hegemónico ante la “amenaza” imparable de la Doncella y de su Heavy Metal glorioso? (de Riggs o de un tendencioso Smallwood, quien parece dispuesto a meter las narices en los trabajos del artista, sugiriéndole pequeñas claves, pretendidamente consensuadas con la banda).

Iron maiden piece flight

El tiempo no es, en absoluto, para la criatura Eddie una dimensión inexpugnable y así fue que, en la portada del single “The Trooper”, asistimos con él a la Batalla de Balaclava, que tuviera lugar durante la Guerra de Crimea, en plena mitad del siglo XIX. Vistiendo el uniforme de la caballería ligera mientras pisa un desolado territorio devastado por la muerte, Eddie enarbola una raída bandera británica. Parece un héroe más, sin embargo, él es el heraldo de La Parca, que hace aquí acto de presencia, velada en el trasfondo de la escena principal -un campo sembrado de moribundos- con su habitual atuendo de capa negra y guadaña (curiosamente, este arquetipo ya había aparecido, por primera vez aunque de manera menos visible, en la miniatura de una carta de Tarót mostrada en el single “Twilight Zone”, referencia que nos seguiremos encontrando, de modo recurrente, en otras portadas futuras). Esta encarnación de la mascota, luciendo un uniforme del ejército británico y participando en una batalla campal, nos la encontraremos, bastantes años después, en la reedición del ‘Maiden England ’88’, sacada en formato DVD en el año 2013. En éste disco, Eddie cabalga a lomos de un caballo enfrentándose, con sable y lanza, a los cañones enemigos en un alarde de patriotismo pictórico que ha trascendido como una de las imágenes más icónicas de los Iron Maiden y de la que fue responsable el propio Derek Riggs quien, para entonces, había abandonado todo vínculo contractual con la banda desde que en 1992 le relevara el artista gráfico Melvin Grant.

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Pero siguiendo una evolución cronológica estricta de los álbumes de estudio, aún nos quedan unas cuantas portadas con la autoría de Derek Riggs. Éste nos va a presentar nuevas visiones de la mascota, integradas en otros mundos y contextos, al hilo de su estrambótica vida de criatura mutante. En 1984 sale ‘Powerslave’, cuyo arte no encuentra parangón con ningún otro álbum, considerándose uno de los lienzos más logrados de toda la carrera pictórica de Riggs. Una extrema luz solar baña un escenario enclavado en el antiguo Egipto que muestra a un entronizado Dios Eddie, empotrado en una pirámide colosal cargada de símbolos y jeroglíficos anacrónicos con los que Riggs nos quiere revelar su marcado sentido del humor, haciendo referencias a asuntos de los más pintorescos. Para este faraónico Eddie, encarnar una divinidad se traduce en una alternativa a la redención y en una oportunidad de renovar el control sobre su propio destino. En semejante estado pétreo, Eddie parece contemplar, hierático y en ausencia de toda pulsión malévola (ya veremos), un mundo arcaico, poblado de pequeños humanos que le rinden culto. En el plástico, Iron Maiden arriesgan musicalmente con piezas conceptuales y progresivas sin abandonar, claro está, cortes de puro heavy metal, tales como “Aces High” y “2 Minutes to Midnight”, que se convertirán muy pronto en himnos inevitables durante los conciertos en directo.

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Transcurren dos años, hasta que un nuevo trabajo discográfico sale a la luz, esta vez, aportando sonidos sacados con las nuevas tecnologías que comenzaban a implantarse en los estudios de grabación. Esta desviación del clásico rigor instrumental propio del heavy metal no es sino un intento de la banda por experimentar y, consecuentemente, la portada va a quedar afectada por ese afán innovador que lleva a Riggs, bajo la premisa del futurismo, a imaginar a Eddie encarnando una criatura cibernética. ‘Somewhere in Time’ nos muestra una ciudad del futuro -tal vez inspirada en la metrópolis del film ‘Blade Runner’- con Eddie despojado de sus ropas y pellejo, con prótesis biónicas que se insertan en su cuerpo a músculo descubierto, y armado con un fusil humeante. La ilustración está tan cargada de efectos visuales que resulta sumamente entretenida de mirar al detalle. Un homenaje a la figura del novelista Ray Bradbury, al que dedica el nombre de uno de los edificios, constata la predilección que siente Riggs por el género literario de la ciencia ficción. Aunque él declarara, años después, que muchos de los conceptos de los álbumes se hacían a sugerencia de los miembros relevantes de la banda y de su manager, gran parte de los guiños y matices que observamos en ellos sólo responden a su pincel e ingenio, y a sus propias preferencias culturales.

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En 1988, se edita el que podría considerarse el álbum conceptual de la banda y el más depurado hasta la fecha en términos letrísticos, con un trasfondo filosófico que destila una inquietud sobre el concepto del bien y del mal. Riggs nos dibuja un Eddie volátil que ha perdido parte de su cuerpo, sublimándose desde un calmo y gélido océano mientras, en su mano, sostiene una nueva criatura en gestación que lucha por salir de su estado embrionario. Esta alegoría del renacer y de la transfusión vital, unida al título del álbum, ‘Seventh Son of the Seventh Son’ (el séptimo hijo de un séptimo hijo será una criatura poderosa y mágica, según ciertas tradiciones populares en la Europa medieval) nos indican una voluntad de trascendencia y deseo de permanencia, que no de descendencia, de un Eddie falsamente redimido pero que busca nutrirse con nuevos poderes maléficos. La quietud, los tonos apacibles y azulados, la ingravidez de su tercio visible, evocan un mundo lejano, fuera de esta galaxia y dimensión, sin tiempo y sin terrenales episodios que pudieran romper la vibrante calma que le mantienen levitando en su particular nirvana. Sólo la evidencia de una proto-criatura en ciernes, conectada por un cordón umbilical a su costilla, delatan su pérfido plan: Eddie pretende transmutarse en su propio engendro.

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Para cuando sale a la luz ‘No Prayer for The Dying’, en 1990, todos supimos que Eddie retornaba vigorizado, encarnado de nuevo en la abyecta criatura que conocimos en sus inicios, luciendo ese pelo blanquecino y abundante que había coronado otrora su testa diabólica. Le vimos rompiendo, con toda la fuerza de su ansia criminal, la lápida de su tumba en plena noche, alcanzando a un aterrado iluso que andaba por allí y que, pillado por sorpresa, vertía con su farolillo la luz amarillenta sobre el rostro de un Eddie que ardía en deseos de regresar a la vida terrenal y urbana. La criatura más incombustible, universal y delirante de la historia gráfica del Heavy Metal volvía para atormentar a los pobres humanos, complaciendo así a los millones de seguidores de la Doncella de Hierro que le habían mitificado desde su nacimiento. Con éste álbum, no uno de los mejores en términos musicales, Iron Maiden dejaban traslucir las tensiones que la lucha por el liderazgo y la confrontación de dos personalidades igual de potentes, la de Steve Harris y la de Bruce Dickinson, parecían experimentar en el seno de la banda. También acusaban un cierto cansancio tras tantas extenuantes giras mundiales, lo que influyó, sin duda, en la calidad de los temas, compositivamente predecibles, a pesar de que uno de ellos alcanzara el número uno en la lista de éxitos del Reino Unido (nos referimos a “Bring your Daughter…To the Slaughter”). Derek Riggs, demasiado presionado por las exigencias de la banda y desmotivado por las injerencias de Smallwood, quien ignoraba sus ideas creativas una y otra vez, se ve forzado a abandonar definitivamente toda colaboración con Iron Maiden, cerrándose con su marcha el capítulo gráfico de la etapa más prolífica e interesante, en lo que a portadas se refiere, de los álbumes de la banda británica. A partir de ese momento, Eddie continuará apareciendo en los discos pero ya serán otros los ilustradores que le darán vida y otras las historias que os tendríamos que contar.

No prayer for the dying

Riggs reside desde hace unos años en California y continúa dibujando incansablemente aunque ha abandonado ya las técnicas tradicionales con pinturas y ahora es un consumado experto en las artes gráficas digitales. El libro, profusamente ilustrado, “Run for Cover: The Art of Derek Riggs”, escrito por Martin Poppof, es un imprescindible documento donde el fan más acérrimo podrá encontrar gran cantidad de láminas y detalles sobre Eddie y su creador más insigne.

MAYCA CRUZ

Artículo por cortesía de The Metal Circus

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