5 CONTRA 1: SERGIO MARTOS

Le conocéis de sobras. Redactor en Popular1 y Ruta66, autor del imprescindible tomo “Alice Cooper: Por Un Billón de Dólares” y líder de los aguerridos Schizophrenic Spacers (bajo su alter ego Lon Spitfire), entre otros proyectos, a Sergio Martos le mueve la pasión por el rock más clásico y con fundamento por encima de todo. En unos días le tendremos grabando su primer disco en directo (este sábado 7 de febrero en la barcelonesa sala Rocksound); pero antes de eso, le sometemos a nuestro particular tercer grado por y para fanáticos. Pero dejemos que sea él quien ponga las cosas claras…

Por no ahondar en lo obvio, he decidido elegir un puñado de discos a reivindicar de mis artistas favoritos. Sería muy fácil mencionar ‘Billion Dollar Babies’, ‘L.A. Woman’ o ‘Axis Bold As Love’, pero me apetece darle una vuelta a la tuerca. Al fin y al cabo, soy un obstinado y con ello viviré hasta el infinito y más allá. Tampoco creo que haya un disco que merezca ser vapuleado hasta el punto de competir contra un puñado de distinguidos, no al menos de las bandas que adoro. La música es música siempre, buena o menos buena; pero siempre hay alguna nota destacable, hasta en el peor de los casos. Jamás se me ocurriría deshacerme de un disco que haya en mi estantería, por paupérrimo que pueda ser. Por lo tanto, el ‘uno negativo’ desaparece a favor de uno positivo, pero con acento peninsular.

SergioMartosDennis

LOS CINCO + UNO

David Lee Roth: Your Filthy Little Mouth (1994)

Diversidad, letras alocadas que reflejan tiempos mejores y Dave cantando en todos los registros que se le conocen. En plena era alternativa Roth grabó justo el disco que le apetecía en esos momentos, cosa que siempre es de agradecer de un artista. Las olas iban a contracorriente y el disco fue vapuleado sin parangón. Pero si un fan de Roth se sintió decepcionado con esta obra, sinceramente, es que no entiende por donde andan los tiros. El hombre nació para establecer las reglas (las suyas), y nadie en este negocio ha sabido vender un producto como Dave lo ha hecho con el suyo. Del rock & roll trotón de «Big Train», al aroma taciturno y sosegado de «Sunburn», pasando por el blues de «Land’s Edge» hasta la impecable versión de «Nightlife», original de Willie Nelson. No es ‘Eat’em And Smile’, tampoco era el momento. La vida del álbum finalizó con extraña parada en Las Vegas. Luego vinieron tiempos de transición.

Thin Lizzy: Fighting (1975)

Aunque ese reconocimiento se lo lleve ‘Jailbreak’, ‘Fighting’ siempre será el primer gran disco de la formación clásica de Lizzy. Quizás la producción no era explosiva (de hecho, excepto en los discos producidos por Tony Visconti, este fue siempre un hándicap en sus obras de estudio), pero las canciones merecen ser recordadas una tras otra: «For Those Who Love To Live», «Suicide», «Wild One», «King’s Vengeance», «Silver Dollar», «Freedom Song»… por no mencionar «Rosalie», la versión de Bob Seger que siempre prevaleció sobre la original. Demasiadas emociones, demasiada belleza concentrada en un solo álbum. Si andas flojo de ánimo, la voz de Phil puede llevarte a un estado de congojo del que no te salvarán ni las palabras de tu mejor amigo.

Alice Cooper: Zipper Catches Skin (1982)

Caos, delirio, ingenio, sátira… Alice se encierra en el sótano y, bajo los efectos del crack, escribe un puñado de letras que merecerían ser estudiadas con detenimiento. Había que ponerles música, y que mejor que algunos de los músicos que le acompañaron en el fastuoso tour de ‘Special Forces’, junto a la siempre mágica varita de Dick Wagner. Ningún tema parecía dispuesto a prevalecer en la memoria colectiva, aunque «I Am The Future» (incluido en la BSO de ‘Curso 84’) andó cerca. Probad a escuchar el álbum en la actualidad: no solo no ha envejecido, sino que suena relevante. Tres momentos: «Make That Money», «Tag, You’re It» y «Zorro’s Ascent». Ahhhh, diabloooooo!!!!!

Cheap Trick: Cheap Trick (1997)

Después de un buen puñado de discos dignos de la peor banda escandinava de AOR, Cheap Trick volvieron a una independiente y recuperaron toda su esencia. Sí, intentaron seguir en el vagón con un par de baladas rompe-bragas, pero las nueve canciones restantes les mostraban en la mejor forma posible. Melodiosos, pero duros. Distorsionados, pero controlados. ¿Qué querían decir bautizando el álbum como su homónimo de 1977? Quizás es que era un nuevo regreso, pero para no volver nunca atrás, para no cometer errores. Tres ejemplos de esta nueva y vigorosa vida: «Eight Miles Low», «Anytime» y «Hard To Tell». Una pena que no se incluyesen los temas registrados por Steve Albini, recogidos solo en single o en caras B: chequéenlos en Youtube, porque vale la pena. «Baby Talk» y la versión del «Brontosaurus» de su idolatrado Roy Wood son de traca.

KISS: Music From ‘The Elder’ (1981)

¿Y ahora esto? ¿Es que este tipo se ha vuelto loco? No exactamente, no al menos por elegir este álbum. Cierren los ojos, olvídense de cuál es la procedencia de los tipos que interpretan la música, y déjense llevar por las vibraciones y unas melodías tan complejas como inmediatas. ¿Que no es un disco de rock & roll al uso? Bueno, tampoco lo es ‘Creatures Of The Night’ y nadie va a negar que se trata de un disco cojonudo. En ‘The Elder’ Eric Carr tiene un sonido bestial, Ace Frehley (pese a sus reticencias a la hora de grabar el álbum) compone algunos solos magistrales, y tanto Paul como Gene se muestran libres, desacomplejados, volando cual ave en albedrío. Como siempre, la producción de Bob Ezrin (que llega caliente después de ‘The Wall’) es atmosférica, grandilocuente, repleta de matices en los que importa hasta el último suspiro. La versión actual de Kiss acaba de recuperar «The Oath» en alguno de sus conciertos; espero que Ace haga lo propio con «Dark Light».

Lone Star: Horizonte (1977)

No merece ‘Horizonte’ más reivindicación que cualquier otra obra que publicase la banda entre 1970 y 1982, pues todas ellas serían objeto de ello. Infravalorados como pocos, Lone Star puso los cimientos del hard rock que luego llevarían a los pabellones Barón Rojo y los primeros Leño, sin sonar a copia de aquél u otro. Esto es rock hecho en castellano, con personalidad, carisma y solvencia. Nadie cantó como Pedro Gené y en este trabajo se encuentran algunas de sus mejores interpretaciones: desde la crudeza de «Quien No Anda No Se Mueve» a la fantasía musical que envuelven los trece minutos que comparten «Noria De Feria» y «Tiempo», o el shuffle que envuelve al perfecto tema título. «La vida es horizonte sin fin y nunca termina…».

 






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