5 CONTRA 1 (Eric Baulenas)

Eric Baulenas está al frente de Moonloop, una de las bandas más sólidas e interesantes dentro del panorama del metal extremo nacional. Su death metal progresivo les está llevando a hacerse una referencia ineludible dentro de nuestras fronteras, como así lo prueba su última referencia discográfica ‘Devocean’ (Listeaneable Records). Hoy le hemos invitado a nuestro tercer grado melómano para que nos hable de esos discos que le han marcado y de más de uno que casi le han abochormado.

LOS CINCO

Marillion: ‘Brave’ (1994)

Una obra conceptual que marcó un antes y un después para los abanderados del neoprog inglés, y que para un servidor significó una apertura hacia una nueva forma de entender el Rock Progresivo. Este álbum iba cargado de emoción orgánica y real, además de estar ejecutado y producido con una dinámica y una naturalidad que se apodera del oyente como si se tratara de un largometraje. Las piezas se suceden de forma entrelazada, y a medida que digieres el álbum, vas descubriendo nuevos detalles de pura orfebrería musical. Aunque no apto para todos los públicos, los que consiguen adentrarse en él, confiesan haber caído rendidos ante la magia que destila ‘Brave’, y las lágrimas son parte del viaje. Más tarde, bandas como Radiohead con ‘Ok Computer’(1997), o Porcupine Tree con ‘Signify’ (1996), se llevarían aplausos por haber creado obras semejantes al sendero iniciado por unos injustamente incomprendidos Marillion.

Steve Vai: ‘Passion and warfare’ (1990)

Existen varios álbumes de guitarra instrumental que han contribuido a la evolución y a la expansión, tanto en lo que respecta a la percepción, como a la ejecución del instrumento en sí. Podemos hablar de artistas y bandas como Hendrix, Beck, Page, Clapton, Hackett, Van Halen, Satriani, y muchos otros, pero lo que quedó claro por parte de Vai con éste álbum, es que su perspectiva y forma de tocar el instrumento no se parecía a nada de lo que hasta la fecha se imaginaba. La personal mezcla entre lo aprendido junto a Zappa, mezclado con el bagaje del hard rock acumulado al lado de David Lee Roth, Alcatrazz, o Whitesnake, dio como resultado un soplo de aire fresco a todos los amantes de la guitarra eléctrica. Excesivo, barroco, alienígena, sensual, galáctico, temerario, y al mismo tiempo destilando las bases del Rock con un conocimiento y una soltura fuera de cualquier parámetro. ‘Passion and Warfare’ fue y sigue siendo un trabajo descomunal de un artista que esperó pacientemente a tener todas sus piezas bien encajadas para cambiar la historia del instrumento que representa al Rock por excelencia.

Porcupine Tree: ‘In Absentia’ (2002)

A pesar de que Steven Wilson ya había creado verdaderas maravillas con Porcupine Tree hasta la fecha, éste álbum marcó un cambio de dirección en el que no se sacrificaron los elementos que caracterizaron a la banda en el pasado. El sonido de su propuesta se enriqueció sabiamente, aportando más colores y matices que provenían de diversas fuentes. La jugada fue un éxito, pues consiguió que tanto los amantes del Rock Progresivo clásico, como las nuevas generaciones sedientas de sonidos más duros, comulgaran ante un álbum que exprimía de forma exquisita los recursos de varios géneros musicales. La contribución de Wilson junto a Opeth a principios de la década del 2000, junto con sus gustos por algunas bandas que provenían del Metal, fueron clave para comprender el porqué de este cambio de dirección, y aunque Dream Theater ya apostaban desde hacía años por el Metal Progresivo, Wilson dio a luz un nuevo dialecto dentro del género que para muchos resultó el nacimiento de una nueva forma de Progresivo.

Joe Satriani: ‘The Extremist’ (1992)

Satriani tuvo su gran momento con ‘Surfing with the Alien’(1987), álbum clásico que fue considerado como una de las piezas clave para comprender la evolución de la guitarra. Con ‘The Extremist’, Joe exploró a fondo su vertiente más rockera con un elenco de colaboradores de lujo, enmarcado por una producción que catapultó su música a un nivel que se salía claramente del típico disco de guitarra instrumental. Siempre bebiendo de las fuentes del Rock y del Blues, las canciones que configuran el álbum desprenden una frescura y una energía únicas, en las que su forma de tocar y su sentido de la melodía adoptan diversos lenguajes y sensibilidades, acercándose a lo que entendemos como el álbum de una banda en la que la guitarra solista toma las riendas de lo que sería un cantante. Poder recordar, e incluso silbar las canciones de un álbum de guitarra instrumental, sigue siendo hoy en día todo un reto para los devoradores de mástiles, y es que si se trata de crear verdaderas canciones, Satriani sabe bien cómo hacerlo.

Devin Townsend: ‘Ocean Machine’ (1997)

Érase una vez un jovencito, extravagante, y descomunalmente capacitado cantante canadiense que fue lanzado a la fama gracias a ser descubierto por Steve Vai en 1993, con el que grabó un álbum un tanto excéntrico. Devin siempre tuvo como influencias la vertiente más extrema de la música junto con los sonidos más etéreos, sin dejar atrás un sinfín de estilos que provenían del Pop y del Rock clásico. Teniendo en cuenta la personalidad musical de Townsend, ¿qué podía dar de sí su primer álbum en solitario? A día de hoy, ‘Ocean Machine’ sigue siendo una obra con una propuesta muy personal, capaz de unificar a públicos de géneros musicales dispares, y sobretodo, que desprende una fuerza y una intensidad incomparable a cualquier otro artista. La voz de Townsend es tremendamente camaleónica, desde los más sutil y frágil, hasta el alarido más desesperado, pasando por un sinfín de registros no aptos para cualquiera. Su forma de visualizar la estructura de las canciones y de concebir el sonido, tampoco era normal hasta la fecha, pero el tiempo le ha dado la razón. Desde entonces, Devin domina el arte de fusionar complejas apisonadoras con atmósferas ingrávidas, obteniendo como resultado composiciones sobrevoladas por un vocalista excepcional, en las que además, se permite coquetear con diversos estilos musicales. Artista prolífico e impredecible como pocos, también es capaz de componer buenas canciones con dos acordes, y eso es lo que más valoro.

EL UNO

David Gilmour: ‘Rattle that lock’ (2015) / Pink Floyd: ‘The Endless River’ (2014)

Me duele hablar “mal” de uno de mis guitarristas más respetados, y tampoco lo haré porque ante todo y como músico, respeto el trabajo de los demás. Después del buen sabor de boca que me dejó su anterior trabajo ‘On an island’ (2006), esperaba con ansia un nuevo trabajo del ya mítico componente de Pink Floyd. Mi sorpresa fue encontrarme con un álbum que parecía ser el resultado de las sesiones de grabación descartadas de anteriores trabajos, y para colmo, la producción parecía pertenecer a esos trabajos editados en los años ochenta, cosa que no me desagrada si se trata de otro tipo de artista, pero no en el caso de Gilmour. En su anterior trabajo, David apostó por un sonido orgánico, casi mágico, y me encuentro con ‘Rattle that lock’, que bajo mi punto de vista se asemeja más a sus primeros discos en solitario, en los que sintiéndolo mucho, sólo salvo algunas piezas. Podría hablar también de ‘The Endless River’ (2014), la última entrega discográfica de Pink Floyd, la cual me dejó con la misma sensación de trabajo poco inspirado. Supongo que cuando uno deposita su fe en algunos artistas consagrados (y en este caso son verdaderos mitos vivientes), puedes salir escaldado, y por desgracia así ha sido. No dudo de que el negocio discográfico está detrás de estos lanzamientos apresurados o carentes de sentido e inspiración, así es que me consuela pensar que lo que tenían que decir como músicos, ya lo hicieron en sus años mozos.

FOTOS: JOSEP Mª LLOVERA

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