MARK LANEGAN ‘Gargoyle’

(PIAS)

“Una gárgola encaramada a un pináculo gótico”, gruñe Lanegan en la letra de “Blue Blue Sea”. Y la analogía, dando título y personalidad a su último -el décimo- trabajo discográfico, no podría ser más acertada. Como una de esas figuras grotescas colocadas en lo alto de una vieja catedral, el viejo Mark parece sentirse a gusto en su rol de tenebroso monstruo simbólico, alertándonos de los peligros de la soledad, las adicciones y los demonios interiores, amparado entre sombras desde la imponente distancia; pero, lejos de recrearse en su propia (maldita) mitología, el vocalista lleva años reinventándose, estilística y conceptualmente, evitando así  convertirse en una manida caricatura de sí mismo. En ‘Gargoyle’, Lanegan continúa explorando los pasajes de electro–rock inspirado en los ochenta que pueblan sus últimos álbumes; un entramado de atmósferas sintetizadas y ritmos programados, donde las figuras de Alain Johannes y Rob Marshall juegan un papel fundamental, que constituye la espina dorsal de nuevas canciones tan sólidas y sugerentes como “Nocturne”, “Goodbye to Beauty”, “Drunk on Destruction” o la inicial “Death’s Head Tattoo”. Naturalmente, se echa de menos la descarnada facción folk-rock de sus primeros títulos en solitario (los indispensables ‘The Winding Sheet’ y ‘Whiskey for the Holy Ghost’, de 1990 y 1994), por no hablar del rock psicodélico de los eternos Screaming Trees, pero mientras el de Ellensburg continúe evolucionando de una manera tan íntegra e inspirada, no le pondremos ninguna pega. Cada vez menos lastrado por sus propios pecados, Lanegan adopta la figura del storyteller que hace de la oscuridad y el humor negro sus mejores bazas y firma su mejor obra desde el revolucionario –por lo rupturista- ‘Bubblegum’ (2004). Que no os asuste lo que esta vieja gárgola todavía puede ofreceros: lejos de erosionarse, lo suyo sigue siendo una experiencia tan intensa como evocadora.

ALBERTO DIAZ

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